Viceversa:
Intercambio en Bélgica

Wilfredo Ardito Vega

El pasado mes de marzo Broederlijk Delen organizó el encuentro Viceversa, buscando que 50 integrantes de sus contrapartes se alojaran con familias belgas y pudiesen compartir su trabajo y la realidad de sus países. Un representante del IDL, Wilfredo Ardito, tuvo la suerte de ser invitado y ser testigo de un interesante, divertido e inusual evento (gracias).

 

Broederlijk Delen ("Compartir en fraternidad") es la agencia de cooperación que administra las donaciones de los católicos de Flandes (la región de habla flamenca en Bélgica). Tiene proyectos en Asia, África y América Latina, y promueve la democracia, la justicia social y el desarrollo sostenible. En el Perú, por ejemplo, gestionó la misión de observadores del Parlamento, quienes fueron sumamente críticos de las elecciones del año 2000. A mí me tocó acompañarlos a los centros de votación y a observar el escrutinio... en el lúgubre sótano del ex Ministerio de Educación.

Muchos otros flamencos viajan a conocer el trabajo de las contrapartes de BD, pero Viceversa era una experiencia sin precedentes, orientada a que los 50 invitados intercambiaran experiencias y conocieran aspectos locales útiles para su trabajo. Durante varios días las comunidades de acogida sintieron la riqueza de un mayor diálogo intercultural e interreligioso, porque entre los visitantes también había budistas, musulmanes e hinduístas.

Yo me alojé en casa de la señora Nicole Stass, en Bruselas, quien es de habla francesa y conoce bien el Perú porque su hija trabajó por años en el Cusco. De allí salía a las diversas reuniones que BD había programado. El primer encuentro fue con los responsables para el Perú de Amnistía Internacional, quienes intervinieron en tantos casos de inocentes condenados por terrorismo. Bélgica ha avanzado mucho en la extraterritorialidad de los derechos humanos: cuando Pinochet estuvo en Inglaterra, también solicitó su extradición y los tribunales belgas han procesado y condenado a varios ruandeses involucrados en el genocidio de 1994. Ahora un grupo de abogados está gestionando que se procese a Ariel Sharon por las masacres de Sabra y Chatila, aunque, naturalmente, Sharon parece empeñado en dar muchos más motivos.

Me reuní luego con Bond Beter Leefmilieu, una ONG ecologista con amplia experiencia en campañas. Discutimos los casos de Manhattan, Lucchetti y las empresas mineras de La Libertad, aunque, claro, las empresas en Bélgica se preocupan mucho más por su imagen, dada la sensibilidad existente hacia el medio ambiente. Cuando Nicole se enteró de que yo boicoteaba a Lucchetti, comenzó a preparar lasañas, canelones y otros productos de los que en Lima suelo abstenerme. Para que me mantuviera coherente acá, me regaló además medio kilo de canelones. Meis Bockart, la señora que me recogió del aeropuerto, me enseñó tácticas belgas para boicotear productos, que alguna vez atormentaron a la filial de Coca Cola (puedo revelarlas a cualquier boicoteador).

En el Parlamento nos reunimos los viejos compañeros de observación electoral: los diputados André Frederic y Joos Wauters, la senadora Erika Thijs, Marc Herman, de BD y Veerle de Voos, una periodista de la Radio Nacional, con la que habíamos ido a los mítines contra Fujimori. Joos me presentó a sus colegas del Partido Verde, entre ellos una diputada de origen marroquí. También vi a una senadora de padres turcos y a otra de origen colombiano.

Esta sólida integración de personas de origen extranjero contrastaba con el Bloque Flamenco, sentado en la misma sala. Es un partido de extrema derecha, para el cual problemas como la criminalidad y el desempleo derivan de los inmigrantes, quienes suelen venir de países árabes y antiguas colonias belgas: Congo, Ruanda y Burundi. El símbolo del Bloque en la última elección fue un guante de box (para pegarle a los inmigrantes, natutalmente). Con ese símbolo han aumentado sus votos. No olvidemos que, a pesar de su apariencia apacible, Bélgica es el país de Jean Claude Van Damme.

Sin embargo, la discriminación racial en Bélgica está penalizada, con una norma mucho más detallada que su equivalente peruana. Además, desde hace 20 años funciona el Centro para Igualdad de Oportunidades y Lucha contra el Racismo, con 18 oficinas en todo el país. Los funcionarios no son como sus colegas en Indecopi (que recientemente negaron a la prensa saber de casos de discriminación en el Perú), sino personas con mucha sensibilidad. El Centro interviene cuando se impide ingresar jóvenes árabes a una discoteca o no se quiere alquilar un departamento a un africano.  Se han obtenido muchas victorias en los tribunales, pero siempre se busca primero una conciliación.

Reflexiones en Ostende

La segunda parte de Viceversa fue en Ostende, donde los 50 invitados y los integrantes de BD nos dividimos en talleres sobre interculturalidad, pueblos indígenas, desarrollo rural, niños y medios de comunicación. Yo estuve en el taller sobre Democracia y Derechos Humanos, donde fue sorprendente saber que experiencias aparentemente lejanas podrían ser útiles para el Perú.

Por ejemplo, Tomli Zikele, del CEAS de Sudáfrica, explicó que anualmente las Iglesias y las ONG se reúnen en una semana de estudio muy profesional, para plantear el people’s budget (presupuesto del pueblo), señalando cómo debería distribuirse el presupuesto nacional, tomando en cuenta las reales necesidades de la población. El resultado siempre es tomado en cuenta por los legisladores y el Ministerio de Economía. El propio documento de los obispos sudafricanos es un ejemplo de análisis integral sobre la problemática social.

Mamadou Ndiayé, de Senegal, indicó, al analizar la descentralización, que no bastaba transferir recursos o poder, sino que las instituciones y las personas también debíamos abandonar una mentalidad centralista. A veces las ONG podemos trabajar en todo el país, pero siempre las decisiones se toman en la capital. A veces vivimos en el interior, pero estamos pendientes de lo que en la capital se dice o se hace, asumiendo que está bien.

También advirtió sobre el peligro de reducir la pobreza al aspecto económico, sin percibir los demás elementos, generalmente vinculados: una pobreza emocional o intelectual. Existe también una pobreza simbólica: personas que se asumen permanentemente como pobres y entablan relaciones de dependencia, hipotecando su dignidad. La pobreza puede volverse así una justificación de pasividad. ¿Conocerá alguien de casos así entre nosotros?

Mi charla sobre los retos de la democracia en el Perú abordaba los problemas de la exclusión social y el relativismo moral. Curiosamente, había paralelismos con la historia de Bélgica: por más de un siglo, desde la independencia, en 1830, los flamencos no podían usar su idioma en universidades, tribunales o en el Parlamento. Ellos podían entonces comprender bien lo que significa ser discriminado y excluido en su propio país.

Por otro lado, para los africanos y latinoamericanos que participaban en el taller, la falta de moral en la función pública era un tema familiar. Todos podrían recordar a alguien que busca obtener un puesto público, sin tener mayor opción ideológica o a un periodista que no denuncia a un funcionario corrupto, porque pertenece a su mismo grupo étnico o círculo social. Y este relativismo no sólo ocurre en el Estado. Cuando mencioné el ejemplo del director de una ONG que viaja a Miami con su amante y lo informa a la financiera como un viaje de trabajo, los belgas querían saber cuál era la ONG..., pero los demás asistentes conocían casos parecidos.

Un aspecto común a las democracias incipientes es que subyace una escasa conciencia de ciudadanía. Las relaciones de clientelaje son vistas como naturales, y quien no ayuda a sus conocidos es considerado "un egoísta" o un "mal amigo". Estos aspectos culturales o éticos están muy extendidos, pero con frecuencia los gobiernos y la cooperación internacional prefieren evitar sancionarlos o percibirlos. Por eso los gobiernos autoritarios pueden tener acogida, si saben administrar el clientelaje, el relativismo moral y manipular los sentimientos de exclusión de buena parte de la población.

Conclusión

El 10 de marzo desfilé con 13 000 manifestantes por las calles de Bruselas en una manifestación a favor de los inmigrantes. A mi lado, un sacerdote, que había vivido en la misma ciudad guatemalteca que yo, me explicaba las diversas banderolas: había obreros, grupos parroquiales, solicitantes de asilo, comunistas, ecologistas... Estaban el diputado Wauters, Veerle, Marc, todo BD. La mayoría desfilaba con sus familias, muchos llevando a sus hijos o hermanitos de la mano. Mientras marchábamos entre boys scouts coreando en francés lemas contra el racismo, yo pensaba que, sin darse cuenta, los belgas estaban dando una muestra de verdadera solidaridad hacia los que son diferentes, hacia los que vienen de lejos... ¿Podremos en el Perú mostrar una solidaridad similar?

Wilfredo Ardito Vega es miembro del Instituto de Defensa Legal.