La vapuleada
transición democrática
(Errores, dificultades y aciertos a casi un año de Toledo)
Carlos Basombrío Iglesias
Embriagados por el entusiasmo que trajo el colapso
del régimen corrupto y luego por la primavera de Paniagua, muchos peruanos pensamos
que el futuro venía asegurado. El espejismo se ha diluido y volvemos a la
realidad de un país en el que nada nunca ha sido fácil y donde las
frustraciones abundan y cada pequeña victoria cuesta un mundo. Así, aun si
logra superar los obstáculos enormes en el camino y se consolida, la transición
a la democracia no escapará de esta regla.
No cabe duda de que el
primer año del gobierno de Toledo ha sido dificilísimo y de que el sentimiento
que ha primado es el del desencanto. Los seis factores políticos que explican
las enormes dificultades de la transición peruana a la democracia son, a mi
juicio, los siguientes:
1. La crisis:
Cuatro años de recesión económica han exacerbado la impaciencia popular ante
problemas reales y angustiantes. Liberados los miedos luego de la dictadura, la
gente quiere soluciones inmediatas a problemas históricos. El contraste entre
lo que se ofreció, lo que se pide y lo que se puede es abrumador.
2. El Presidente:
Más allá de la evidente intolerancia y la falta de respeto que muchos le
tienen, hay algunas críticas legítimas. La principal: no ofrece un rumbo claro
y un liderazgo suficiente. Quiere satisfacer a todos todo el tiempo, y eso
muchas veces lo lleva a enredarse en una maraña de intereses contradictorios.
3. El Partido: No es novedad que los partidos que
llegan al poder quieran copar el aparato estatal. Así ha sido siempre. Vale
para el fujimorismo, el APRA, AP y PPC en sus respectivos gobiernos y para la
izquierda en gobiernos regionales y municipios. El problema es que ya sabemos,
por experiencia vivida, el desastre que eso ocasiona. Además, Perú Posible ha
hecho demasiado evidentes las motivaciones que lo animan. La gestión de Doris
Sánchez en el Promudeh es un caso paradigmático que ha alertado al país sobre
el riesgo que se corre de acentuarse esa tendencia. Por eso preocupó tanto en
el país y en el exterior la salida de Pedro Francke de Foncodes.
4. La oposición: Durísima y sin tregua desde el primer día. La
disputa de Alan García y Lourdes Flores por encabezarla ha alimentado la
hoguera de la irritación popular. Si de un lado se reclama un rumbo populista
estatista, del otro se exige ortodoxia neoliberal. En ese escenario no hay
pierde: haga lo que haga el gobierno está mal y no los satisface. En lo que sí
coinciden es en su animadversión por la política de derechos humanos en curso.
(NO a la Comisión de la Verdad y SÍ a la amnistía resumen muy bien las
coincidencias opositoras.)
5. La
mafia: Conserva mucho de
su poder. La unifica su deseo de que esto colapse lo más pronto posible y de
que sus delitos de corrupción y violación de los derechos humanos dejen de ser
perseguidos. Tienen poderosos medios de comunicación a su servicio y una
impudicia reconocida para mentir y hacer daño. Conservan todavía presencia
efectiva en sectores importantes del aparato estatal, muy en particular en el
Poder Judicial, el Ministerio Público y muchos municipios.
6. Los ultras: Electoralmente insignificantes al
punto de no haber logrado representación propia alguna en el Congreso, son en cambio
muy activos en gremios y regiones. Siguen con las mismas ideas de los sesenta y
setenta, como si en el Perú y en el mundo nada hubiera sucedido. Su estrategia
es la de radicalizar al máximo las protestas populares usando "todos los
medios de lucha". Desprecian la democracia representativa y quieren ya
"nuevas elecciones". El abierto e indisimulado apoyo de los medios de
comunicación vinculados a Montesinos y Fujimori exime de más comentarios sobre
a quiénes favorecen su acciones.
No está de moda decirlo, pero no todo ha sido tan negro como
se pinta. En medio del mar de dificultades vivido, una mirada serena a la
realidad nacional y una cierta capacidad de poner las cosas en una perspectiva
mayor, deben permitir ver avances positivos y reconocer algunos logros que el
gobierno democrático puede exhibir en este primer año de gestión. Cada uno de
ellos, por supuesto, no es perfecto y encierra sus propias contradicciones y
límites.
Entre los más importantes, y sin
ningún orden de prelación, se pueden mencionar:
1. Estabilidad económica y resultados superiores al promedio de toda la
región: En el marco de una cuasi recesión internacional, la economía
crece por encima del promedio regional y la salud de varios indicadores
macroeconómicos alude a un manejo bastante responsable y eficiente de la
economía que, ojalá, pueda pronto redundar en beneficio de la gente concreta.
2. Separación
efectiva de poderes y respeto a la Constitución y las leyes: El Poder Legislativo y el
Judicial mantienen una independencia del Ejecutivo pocas veces vista en la
historia del Perú, y hay un objetivo control y balance de poderes en el Estado.
Las leyes de la República se respetan, y cuando esto no ocurre hay una
inmediata y efectiva fiscalización, tanto de los otros poderes del Estado
cuanto de los medios de comunicación y la sociedad civil organizada.
3. Apertura
al diálogo y la concertación: Hay en curso un proceso inédito en nuestra
historia republicana de concertación nacional sobre grandes políticas de
Estado. Los diálogos sobre la mayor variedad de temas y con los más diversos
interlocutores forman parte de la vida cotidiana de la gestión gubernamental en
todos los campos.
4. Respeto
y promoción de los derechos humanos: Hay
una clara política de afirmación de los derechos humanos. De hecho hay
violaciones, como en todo otro Estado del mundo, pero son reconocidas por las
propias autoridades y se busca su sanción. Se intenta cumplir con los
compromisos y obligaciones contraídas por el Perú en este campo en el nivel
internacional.
5. Lucha
contra la corrupción: Se continúa con energía la lucha contra la
corrupción del pasado. De mantenerse esta tendencia –asediada desde múltiples
lados–, por primera vez en la historia del Perú quienes usaron del poder para
corromperse y arrasar los derechos ciudadanos serán efectivamente sancionados.
Hay a la vez un intento serio en muchos sectores del Estado por crear
mecanismos de supervisión que dificulten y reduzcan los niveles de corrupción
en la gestión pública.
6. Credibilidad del Perú en el exterior: El Perú ha recuperado
dignidad en el concierto internacional por haber recuperado la democracia,
afirmado los derechos humanos, por una política pacifista y de integración
regional y por su política económica de apertura al comercio y la inversión.
Hemos dejado de ser los parias que fuimos en los noventa.
7. Comisión de la Verdad en funciones y con apoyo del gobierno: La Comisión de la Verdad,
compuesta por personas de reconocida credibilidad e independencia, desarrolla
su labor sin interferencias del poder político y cuenta más bien con el apoyo
de las autoridades. Así, es posible que en el Perú se puedan esclarecer los
horrores del pasado y fomentar un clima de reconciliación nacional.
8. Inicio de la reforma de las Fuerzas Armadas: Se ha producido la
más profunda depuración de sus filas y un ministro civil ha asumido la cartera
de Defensa. La Comisión de Reestructuración nombrada por el gobierno, formada
por expertos civiles y militares, ha propuesto una hoja de ruta para continuar
la reforma militar que, de concretarse, significará un cambio histórico en las
relaciones civiles-militares en el Perú.
9. Inicio de la reforma
policial: Un ministro civil y una profunda depuración fueron los
primeros pasos de un amplio proceso de cambios en el sector. La
reestructuración policial está en marcha luego de un trabajo de diagnóstico con
participación amplia de la sociedad civil y debate público. Las líneas maestras
del cambio: desmilitarización, acercamiento a la comunidad, lucha contra la
corrupción, mejora en la gestión y los servicios, y dignificación de la función
policial.
10. Revitalización
y renovación de los programas sociales:
Apoyo político a las Mesas de Concertación de Lucha contra la
Pobreza que incluye –hecho inédito– su participación en la priorización de
gastos locales en el Presupuesto General de la República para el 2003. Hay una
intensificación de los programas de alivio a la pobreza y generación de empleo
("A Trabajar", urbano y rural); programas masivos de acceso a la
vivienda a bajo precio ("Mi Vivienda") y de acceso a la modernidad en
la educación en zonas rurales (Proyecto Huascarán).
11. Mayor
reconocimiento de derechos laborales de trabajadores: Después de una década en que virtualmente estuvieron
proscritos, los sindicatos participan activa y reconocidamente de la vida
nacional, y algunas de sus demandas importantes han sido recogidas por leyes
del Congreso y disposiciones del Poder Ejecutivo.
12. Avances hacia la descentralización del país: Han mejorado significativamente las relaciones y el apoyo
del gobierno central a los gobiernos locales. Se ha retomado el esfuerzo de
descentralización y habrá elecciones regionales en noviembre.
13. Estrategia antisubversiva en democracia: Bajo control civil en
el Ministerio del Interior, combinando las acciones de represión del delito con
políticas de lucha contra la pobreza. Se han instituido en las zonas de
conflicto los Comisionados para la Paz y el Desarrollo. Se han fortalecido la
Dircote y la inteligencia policial.
14. Convocatoria amplia y plural para la gestión pública: Al gobierno, empezando por el
gabinete, se ha convocado con bastante amplitud a personas con diferentes
trayectorias políticas y experiencias profesionales.
Aun cuando los puntos mencionados son importantes,
son por supuesto insuficientes y, lamentablemente, no repercuten aún en la vida
cotidiana de la gente. Sigue siendo una deuda de la democracia demostrar que es
un sistema que puede ofrecer las mejores condiciones para el bienestar, el
desarrollo y la seguridad de los peruanos. En todo caso, ya sabemos que los
autoritarismos no sirven para cortar camino y que bien vale la pena el esfuerzo
colectivo por no desaprovechar (una vez más) una nueva oportunidad para el país.