Conversatorio con Nathan Wachtel
Desde "la visión de los vencidos" a la "fe del recuerdo"
El reconocido historiador Nathan
Wachtel estuvo recientemente en el Perú. "... en una mirada al otro, a los
vencidos: tragedia del pasado y frustración del presente", fueron las
palabras con las que el rector de la Universidad de San Marcos, Manuel Burga,
resumió la obra de este importante peruanista durante la ceremonia de su
incorporación a dicha universidad como Doctor Honoris Causa.
Durante su estadía en Lima, un grupo de intelectuales
peruanos, entre los que estuvieron Matilde Caplanski, Guillermo Nugent y
Patricia Marín, organizó una conversación con él y con su esposa. Aquí
reproducimos las partes sobre la vigencia de la visión de los vencidos y los
nuevos temas de Wachtel.
Nugent: A un poco más de años de tus elaboraciones
sobre "La visión de los vencidos", ¿qué balance haces de tu obra?
¿Qué agregarías? ¿Qué suprimirías? Y sobre el planteamiento que se me hace evidente
ahora, pero no cuando lo leí antes, referente a que los vencidos siempre son
vencidos por alguien; es decir, por vencedores. Una de las cosas que llama la
atención es cómo en las ciudades latinoamericanas –pero particularmente en la
peruana– en las elites dominantes no existe una ética de vencedores. Por el
contrario, hay un discurso –más bien diría, una cierta autocomplacencia– sobre
la calamidad colectiva. Mi pregunta es, entonces, cómo así se puede hablar de
vencidos y una ética de los vencidos, sin ética de los vencedores.
Wachtel:
Si yo tuviera que hacer este libro ahora, seguramente no lo haría de la
misma manera, por una razón muy simple: en treinta años la documentación se ha
enriquecido y yo tendría que tomarla en cuenta.
Pero hablando profundamente del planteamiento de los
vencidos, lo mantengo totalmente; es más: es un pronunciamiento que he seguido,
puedo decir, en todos mis trabajos: en el primer libro, en el segundo (sobre
los uros) y en el último, sobre los marranos.
El último libro, La
fe del recuerdo, sobre los marranos, lo he puesto bajo la cita de Walter
Benjamin. Y no es una casualidad que comience citando a Walter Benjamin, su
último texto sobre la historia, sobre el concepto de la historia; lo escribió
en 1940, poco antes de suicidarse. En este texto sobre el contexto de la
historia hay una consideración sobre los textos de historia en general, sobre
la historiografía en general. Él dice que todo lo que se ha escrito en la
historia no es nada más que el desfile triunfante de los vencedores. Y lo que
no se ha escrito es la historia de los excluidos, de los marginados, de los
vencidos, de los que están sometidos...
Cuando comencé el trabajo sobre la
visión de los vencidos no pensé en esta cita de Walter Benjamin, pero el punto
de vista de los vencidos era para mí una manera de renovar la historia clásica,
tradicional, de los años sesenta y setenta; obviamente, antes había que
entender la historia del mundo desde el punto de vista del Occidente. Para mí,
entonces, era una manera de poner al revés el punto de vista occidental y poner
al revés lo que sigo llamando el eurocentrismo. Y con esta concepción he
seguido el trabajo sobre los uros, profundizando de un trabajo al otro,
tratando de ir comprendiendo siempre el punto de vista desde los vencidos. En
el trabajo sobre los uros, este es un grupo indígena dominado, sometido por sus
vecinos aimaras. No sería, entonces, una fórmula retórica si los llamo los
calcuayquico, es decir, los vencidos de los vencidos.
Lo que quiero decir es que mantengo
siempre mi planteamiento de una historia vista por los de abajo, por los
sometidos, los vencidos.
Nugent:
¿Y sobre la ética de los vencidos?
Wachtel:
No se necesita una ética para ser vencedor; se necesita solo tener el
poder, no más. Es suficiente. Imponer su cultura, tomando el ejemplo de la
sociedad colonial en relación con las sociedades indígenas. No sé si los
criollos tenían ética de vencedores. Personalmente no me parece importante.
Desde el punto de vista de los
indios es suficiente que el sector español o criollo les imponga el tributo,
los obligue a ir a trabajar a Potosí, etcétera, etcétera; que les prohíba
seguir con sus ritos, creencias tradicionales –es decir, paganas–, y les
impongan o traten de imponer los dogmas cristianos.
Caplansky: Guillermo, ¿en qué
estás pensando exactamente cuando te refieres a la ética de los vencedores? ¿En
su ethos, conjunto de creencias, ideología?
Nugent: Me refiero
a sentirse vencedores, como ocurre en muchos países de América Latina,
especialmente aquellos de fuerte población indígena, donde los grupos que
detentan el poder –banqueros, industriales, las elites, los militares– no
tienen una ética de vencedores...
Por ejemplo, las novelas peruanas más premiadas, las que más
éxito dan, son aquellas que hablan de cómo en el Perú hay un sentimiento de
fracaso, cosa un poco curiosa: el fracaso como puerta del éxito, y una serie de
otras cosas.
Caplansky: Como un
sentimiento, además, que atraviesa todos los estamentos de la sociedad, todas
las clases sociales. Como que no hay una actitud activa, "orgullosa",
entre comillas, de ser vencedores.
Nugent: Así es.
Yo estoy de acuerdo con la parte de tu argumento por la que, digamos, quienes
sufren la dominación se sienten vencidos. Ahí estoy enteramente de acuerdo.
La parte que no me queda tan clara y quizá sí cabría matizar
es cómo así en América Latina quienes ejercen el poder en estas sociedades no
se sienten vencedores. Por el contrario: hay un discurso muy conformista que
señala que siempre nos van a salir mal las cosas, que nunca vamos a poder tener
actitud afirmativa ante la historia, la realidad.
Los que ejercen el dominio aquí tienen la actitud de los
pesimistas; el pesimismo es un buen negocio político y cultural.
Jacqueline Wachtel: Nathan,
recordaba lo que conversabas ayer respecto de la burguesía argentina, por
ejemplo. ¿Lo ligas de alguna manera o no necesariamente?
Wachtel: Estamos
saltando varios siglos. Si tomamos el libro sobre la conquista vista por los
vencidos, estamos hablando del siglo XVI, y enfrente de esos vencidos sí hay
vencedores, que son los que llegan, y no es una casualidad que sean llamados
conquistadores; no hay ninguna duda: el Santiago matamoros se torna en Santiago
mataindios.
No hay ninguna duda de que existe una "ética" de
vencedor si asumimos la convicción
total de que la cultura occidental cristiana es superior a la cultura y a la
civilización de las sociedades indígenas; dicha convicción incluye la idea de
que hay que evangelizar, civilizar y enseñarles, en suma, cómo vivir.
Muchos de los pueblos de hoy día son herederos de los
pueblos llamados de reducción, donde fueron reunidos los que sobrevivieron a
las epidemias, pero donde se les impuso el plan con las calles cuadriculadas a
la manera española, con una plaza en el medio, con la alcaldía de un lado de la
plaza, la cárcel y la iglesia del otro lado. Pueden llamarlo de otra manera,
pero una manera que me parece simple y adecuada es llamar este punto de vista,
el punto de vista de los vencedores.
Saltando cinco siglos, si consideramos la situación de hoy
día o del siglo XIX, el problema del éxito o del fracaso del Estado-Nación, de
la formación de estados sin que existan realmente naciones, son problemas
reales de los siglos XIX y XX, pero ya de otra índole. Entonces, hay que tomar
en cuenta muchas cosas, y ya no son temas que yo he estudiado, porque no se
puede estudiar todo, pero estarían relacionados con los problemas de que hay
hoy día un sentimiento de fracaso.
Pero siguiendo el hilo conductor del punto de vista de los
vencidos en el siglo XVI, no podemos saltar así... Aunque siempre he tratado de
juntar datos del presente con datos del pasado, hay que hacerlo de manera, en
principio, lo menos confusa posible. En la visión de los vencidos hay un
capítulo sobre el análisis de las representaciones teatrales, teatro popular,
de la famosa danza de Atahualpa o de la conquista, que aún hoy son actuados.
Caplansky: ¿Cuál ha
sido para ti la experiencia que mencionabas respecto del paso del estudio de
los indios al de los marranos? ¿Cómo sientes y entiendes tu propia secuencia
como investigador?
Nugent: No
conozco el trabajo de los marranos, pero aparentemente habría como un
desplazamiento del interés del problema de los vencidos al problema de la
intolerancia y los perseguidos.
Wachtel: Presento
este libro sobre los marranos como la última parte de una trilogía: la primera
parte es la visión de los vencidos; la segunda parte, el regreso de los
antepasados, y la tercera, la fe del recuerdo.
¿En qué medida se trata de la
última parte de una trilogía? ¿Cuál es el hilo conductor de los indios de los
Andes a los conversos, a los marranos? Hay temas que siguen; el tema de la
memoria y del olvido, que están siempre: no se puede estudiar memoria sin
olvido, y la relación entre memoria y construcción de la identidad. Entonces,
ese es el hilo conductor de la primera parte a la última.
En la visión de los vencidos se trata de los indígenas. La
segunda parte de la trilogía trata de una profundización de este planteamiento
con un trabajo, como ya he dicho antes, sobre los vencidos de los vencidos.
Y ahora, entonces, parece extraño
que los marranos sean la última parte de la trilogía. Se trata de otra cara
escondida: la cara escondida de los vencedores. Dentro del sector español hay
los perseguidos de los vencedores, que son los cristianos nuevos judaizantes, o
no judaizantes, pero finalmente lo que
está reprimido y castigado son estas herejías de los judaizantes.
Pero son, sospecho, todos o casi
todos los cristianos nuevos los que están en principio sometidos a los
estatutos de limpieza de sangre. Teóricamente no pueden acceder a tal cargo y,
entonces, después de los vencidos, después de los vencidos de los vencidos, la
última parte no es un juego de palabras si digo que son los vencidos de los vencedores.
Los vencidos dentro de los vencedores, porque son las víctimas también, pero
del sector criollo.
Nugent: Y este
título tan lindo de la fe del recuerdo, ¿lo has tomado de algún texto ajeno, o
es tuyo?
Wachtel: Es mío.
Nugent: En
comparación con la conquista norteamericana, la conquista hispana no fue un
exterminio, no hubo reducciones, no hubo una separación tan dramática. Más que
una cultura de la dominación, hay una cultura de la denominación; no hay un
sentirse dominante, no hay un sentirse que se ha vencido. En cambio, en los
vencidos sí hay un sentirse vencidos. Los vencedores no se sienten vencedores,
pero sí traen una cultura, y dentro de esa cultura traen la religión, traen una
cultura. Dentro de esa cultura hay una ética; de la ética siempre parte la
cultura.
Pero a lo que yo iba es a la comparación. Hay una
comparación factible entre la cadena de la dominación que imponen los
anglosajones en el Norte y la cadena de la dominación que se impone en el Sur,
digamos, para separar, aunque México está en el Norte, en el sentido de que
probablemente estos dominados dentro de los dominados o vencidos dentro de los
vencidos, sí se producen en la América hispana y no se producen en la América
sajona, porque ahí se produce un corte sagital entre los vencidos y los
vencedores. Los vencedores simplemente se dedican a acabar con los vencidos.
¿Qué posibilidades de cadenas de dominación puede haber ahí?
Wachtel: Usted
mismo ha dicho todo. Es decir, que las condiciones eran muy distintas entre
mesoamérica y los Andes, donde había estados con sociedades numerosas,
sedentarias, agrícolas o ganaderas; y en América del Norte, lo que es hoy día
Estados Unidos y Canadá, había también algunos pueblos sedentarios.
Pero lo que no se ha producido, como se ha producido en México
o en el Perú, es que las poblaciones indígenas no fueron, como aquí, integradas
en el Estado colonial para hacer parte de la sociedad general y explotadas como
mano de obra y entregando tributo, entregando trabajadores con la mita,
etcétera, mientras que en América del Norte, Estados Unidos y Canadá, los
indígenas fueron marginados.
La colonia anglosajona fue una
colonia de población y no de población con eliminación, marginación de los
indígenas, mientras que hubo aquí también marginación pero, sobre todo, hubo la
superposición de un Estado colonial que ha sucedido al Estado inca, como el
Estado colonial había sucedido en México al Estado azteca, y como Estado
explotando la mano de obra de una población numerosa. La población en México
era de veinte millones o quince millones, es decir, enorme.
No es el mismo orden de magnitud entre el punto de vista
demográfico entre las sociedades indígenas en el Perú o en México y en América
del Norte. Es otro mundo y otro tipo de colonización.
Caplansky: ¿Quiénes son
tus influencias?
Wachtel: Como
sabes, mi formación es de historiador; entonces, soy discípulo del maestro que
reconozco como historiador; es un maestro que no he conocido y que es Marc
Bloch.
Después ha venido Levi Strauss con
el trabajo sobre las sociedades indígenas; entonces, hay una dimensión
antropológica inevitable, y también una necesidad para mí de complementar el
método histórico y el método antropológico. Y ahora sí me reconozco como
influenciado por la obra de Levi Strauss, que sigue válida, que es una obra
clásica, por todo lo que es el análisis estructural; y que hay que distinguir,
insisto, de lo que se ha llamado estructuralismo, que no tiene nada que ver con
el análisis estructural. El análisis estructural es un método de investigación,
y el estructuralismo es una cosa, una moda que Levi Strauss mismo ha rechazado.
Tendría que mencionar también que mi director de tesis fue Ruggero Romano.
Caplansky: Y después
de haber terminado la trilogía, ¿dónde te diriges?
Wachtel: Por el
momento, como sabes, sigo el trabajo sobre los marranos; aún no está terminado.
Con la preocupación de siempre de juntar pasado y presente, ya en el último
libro, te lo recuerdo, hay una fusión entre pasado y presente, pero lo que hay
en el epílogo es como un esbozo nomás, un anuncio de lo que sigue, es decir, el
trabajo sobre los marranos de hoy día, que tengo que ir a buscarlos a Brasil. Y
ese trabajo, entonces, es el que voy a seguir en los años que vienen.
Nugent: ¿Por qué
fue su interés inicial por Latinoamérica y por el Perú? ¿A raíz de qué?
Wachtel:
De la preocupación de salir de Europa y de hacer estudios históricos
distintos de los de eurocentrismo, como decía antes. Yo tenía al mundo entero
–China, Japón, África, etcétera–, pero en América Latina, además del interés
personal que es otra cosa, en América Latina, a diferencia de lo que pasa con
África, tenemos una profundidad de documentación de cuatro, cinco siglos de la
administración española.