Jornadas de duelo y condolencia

Carlos Iván Degregori

La Comisión de la Verdad y Reconciliación avanza: recopilación de testimonios, investigación de casos y responsabilidades, y exhumaciones. También, preparación de fórmulas de justicia y reparación y de las recomendaciones finales. En el medio –con la perspectiva de que el proceso es parte del resultado–, audiencias públicas. Esta vez les tocó a dos zonas castigadas sin compasión por la espiral de violencia que sufrió el país: Huancayo y Huancavelica.

 

Apenas a mis años aprendí el significado profundo de la palabra con-dolencias. Comprendí la frase "te acompaño en tu dolor", rutinizada al punto que prefería evitarla.

Soy antropólogo y aprendí hace tiempo sobre los rituales de la muerte en diferentes pueblos. Sabía que ya incluso los neanderthal enterraban a sus muertos con rituales, y que esos rituales para encarar momentos críticos –nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte; sobre todo la muerte– se confunden con el surgimiento mismo de la especie humana.

Creía que sabía, pero nada ni nadie me había preparado para una confrontación tan abrumadora y masiva con el dolor y la muerte... en mi país, en lugares que conocía y siento míos, que había recorrido después de la violencia y donde ya había recogido testimonios desgarradores. Pero las audiencias han sido diferentes, por su formato ritualizado y la masividad de los relatos. Nadie puede quedar indiferente o decir que ya lo sabía.

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Los relatos más dolorosos son los de las desapariciones. Algo había leído y escuchado sobre la "elaboración del duelo", necesaria para superar pérdidas traumáticas. Pero cómo elaborar el duelo si no hay certeza de la pérdida. Es la herida que no cierra. Los testimoniantes hablan de los desaparecidos en presente: "soy la esposa de fulano de tal...", "mi padre es muy querido...". Al menos mientras relatan, parece que el tiempo se hubiera detenido. Y la esperanza, terca, irracional, persiste a pesar de ellos mismos, se cuela en algún sueño, renace al menor indicio. Desesperante esperanza. El episodio abierto necesita un final, aunque sea el desenlace triste que todos sospechan.

Por eso en los testimonios aparece, recurrente, el pedido: "devuélvanme aunque sea sus huesos para enterrarlos, para ponerle flores, rezar, encender velas". Denme un lugar donde anclar mi memoria, donde ordenar mis recuerdos, donde conmemorar (el día de su santo, el día de los muertos) y sentir, por fin, que el tiempo vuelve a ponerse en movimiento y la vida continúa.

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La indiferencia y el silencio son sal sobre la herida. Cómo elaborar el duelo si nadie escucha tu grito. Peor, si ni siquiera puedes gritar y el llanto se te queda atravesado en la garganta, aunque llores todos los días. Para elaborar el duelo necesitas compañía, condolencias. Es un proceso social. Pero la sociedad volvió la mirada. El Estado, después de ser muchas veces el perpetrador, remató la faena dejando solas a las víctimas o a sus familiares, bloqueando el camino hacia la justicia. Recién comprendí por qué grita esa mujer en medio del puente en el cuadro de Munch.

Escuchando a las víctimas sentí el poder de los relatos bíblicos y evangélicos. La Dolorosa multiplicada en esas madres con el corazón una y otra vez atravesado de puñales a lo largo de su interminable vía crucis, que las lleva de la comisaría o el cuartel al juzgado, al abogado, al pueblo, a la capital departamental, a Lima, ida y vuelta, muchas veces. Y nada, nunca, como si Kafka hubiera armado sus relatos. Aunque en ciertas ocasiones, en el momento menos esperado, algún soldado, policía, vecino, rondero, colabora, se convierte en cómplice, ayuda a cargar la cruz: el buen samaritano.

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Durante las audiencias, sobre todo, sentí vergüenza por nuestras instituciones. Compartí la indignación de hombres y mujeres de todas las edades que no imaginan cómo algo así pudo pasar y, peor, quedar impune. "No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague", dice el refrán, y cuanto antes el país enfrente esta enorme deuda moral y la resuelva, sin ánimo de venganza pero tampoco de impunidad, más posibilidades tendremos de construir un futuro saludable. No hacerlo sería intentar reconstruir el país escondiendo literalmente los cadáveres en el closet y su polvo bajo la alfombra. Las culpas, los resentimientos, los traumas, los desprecios, el vale todo seguirían reinando.

Tal vez algún día las heridas cicatricen, pero dejarán tales tajos en el rostro de la nación, que será imposible presentarse dignamente, no solo ante la comunidad internacional sino ante las siguientes generaciones de peruanos, que inevitablemente nos juzgarán.

Buscar la verdad, hacer justicia y ofrecer reparación es el camino a la reconciliación nacional, que solo será posible si nos decidimos a construir por fin un país de ciudadanos libres e iguales. Si el Perú lo hubiese sido en 1980, la violencia no se hubiera desbordado, ensañándose especialmente con los más pobres, las mujeres, los indígenas quechuas, aimaras y amazónicos. Ojalá las audiencias ayuden a comprender la necesidad de esta construcción.

Carlos Iván Degregori es miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

 

Participación ciudadana y compromiso con el futuro

Salvador Peña Guerra

 

Las audiencias públicas realizadas en Huancayo el 22 y 23 de mayo último, y las de Huancavelica el 25 y 26, tuvieron exitosos antecedentes en las audiencias de Huamanga y Huanta realizadas el mes anterior. Una verdad distinta de la que se consideraba la oficial, pero intuida o sospechada por la población, empezó a escucharse de boca de las propias víctimas o sus familiares. Con ello se iniciaba otro momento, duro pero a la vez esperanzador, para el país, para la inmensa mayoría que desea fervorosamente que el pasado de horror y vergüenza no se repita nunca más.

Culminadas las últimas audiencias, el balance es muy positivo. De un lado, se logró ampliar el impacto de las anteriores con una masiva presencia de hombres, mujeres, jóvenes y niños, así como con una comprometida participación de casi todas las instituciones de la sociedad civil. De otro, se hizo de conocimiento nacional una realidad regional mayormente ignorada pero que sufrió igual, en todos los sectores sociales, en la ciudad y el campo, y durante muchos años. De manera particular, se evidenció lo sucedido en la selva central, en las comunidades asháninkas cuyo sufrimiento y afectación, comparativamente, son lo más grave que pueda haber sucedido en los últimos veinte años.

Organización y participación

La organización de las audiencias supone una minuciosa planificación y logística que recae en la Unidad de Audiencias Públicas de la CVR. Este inmenso trabajo, acompañado por el equipo de la Sede Regional, es el que garantiza el resultado final. Sin exagerar, nada, ni el más mínimo detalle, queda sin considerarse.

En Huancayo y Huancavelica, las audiencias destacaron por una importante participación de la sociedad civil desde el mismo proceso de preparación. La mayoría de ONG, tanto locales cuanto nacionales, apoyaron y se comprometieron, demostrando que el enfoque de derechos humanos está incorporándose a su trabajo cotidiano. Esto es particularmente importante en una zona donde no se puede proponer desarrollo sin considerar el impacto que sobre las personas y la institucionalidad tuvo la violencia política. Significativa fue, también, la presencia de todas las universidades de la región, así como de un buen número de colegios profesionales.

De idéntica manera, las organizaciones de base, particularmente de las víctimas (huérfanos, viudas, desplazados, familiares), tuvieron una participación activa. Su presencia, respaldando la labor de la CVR, presentando su problemática y demandas y asistiendo ordenadamente a las audiencias, demuestra que están ganando un espacio de actoría social cada vez más importante. Ello es significativo en vistas de la presentación del informe de la CVR y sus recomendaciones.

De manera especial, cabe destacar el compromiso y la colaboración directa que, en calidad de voluntarios, brindaron las organizaciones juveniles. La Iglesia católica en Huancayo dio un respaldo decisivo e invalorable. Similar actitud tuvo la mayoría de denominaciones evangélicas de la región.

Marcha por la paz y vigilia

Huancayo y Huancavelica, en la víspera de sus respectivas audiencias, fueron escenarios de multitudinarias manifestaciones de solidaridad con las víctimas y de respaldo a la CVR. En ambas ciudades, miles de personas salieron a las plazas principales portando banderolas, pancartas y velas encendidas.

Una suerte de sentimiento colectivo, callado por años por temor o prudencia, se hizo público. Esto demuestra no solo que no se habían cerrado las heridas, sino también que la población de esta región tiene fresca la memoria de los tiempos del horror, que se solidariza con las víctimas y desea expresar su rechazo a la violencia y lo que esta genera.

Estas manifestaciones, y la presencia masiva en las audiencias, indican la existencia de una intuición ciudadana (popular) mayoritaria de que es buena y necesaria la verdad, que esta puede conducirnos a una situación diferente, sobre la cual es posible darnos una nueva oportunidad. Es alentador descubrir este sentimiento, porque señala que el trabajo de la CVR va por buen camino, aunque debemos reconocer que falta realizar mayor trabajo de difusión y educación.

Más allá de los testimonios

Es verdad que cada uno de los testimonios fue desgarrador, y que nos mostraron que un desaparecido, un muerto, un torturado, una mujer violada, un huérfano, un desplazado, en fin, una víctima, no es un número en las estadísticas, sino un ser humano con nombre, con rostro, con familia, que tenía sueños y proyectos.

Esta constatación es fundamental, y a ello contribuyen las audiencias públicas. Hasta antes de estas, para la población en general las víctimas de la violencia política eran solo referencias, números, desconocidos; eran "los otros". Ahora empiezan a ser vistos como lo que son y, tal vez, como "los nosotros". Este acercamiento a las víctimas es imprescindible en ese gran desafío que significa la reconciliación, desafío que no terminará con el periodo de vida de la CVR.

¿Qué nos dicen los testimonios más allá de los detalles narrados? De lo escuchado se desprenden algunas conclusiones:

Las víctimas o sus familiares y su entorno inmediato han caído en una precarización moral y material que tiende a agudizarse.

El trauma psicológico y material se reproduce en la familia, alcanzando a las nuevas generaciones.

Al margen de quién o quiénes fueron los perpetradores, el impacto y el perjuicio suele ser el mismo.

Sorprendentemente, el dolor, el trauma, la precarización, la desatención y el resentimiento acercan a las víctimas, las ubican en un solo lado.

Lo nuevo en estas audiencias

Sin duda, lo que marcó las audiencias públicas de Huancayo y Huancavelica, aparte de los testimonios que permitieron conocer una realidad regional que estuvo relativamente oculta, fue la masiva participación de la ciudadanía. De una parte, la población pudo estar "cerca y al lado" de la CVR, sintiendo que no es un organismo abstracto o distante; de otra, los propios comisionados y funcionarios de la CVR se dieron un "baño de multitud", acercándose a quienes confían en su labor.

Es importante señalar que en esta oportunidad no se produjeron manifestaciones contrarias a la CVR. En las audiencias estuvieron presentes víctimas de todos los sectores, de todo nivel social y cultural, de todo tipo de perpetrador. A todos se les dio el espacio de escucha y respeto. Ojalá se entienda que la Comisión no tiene prejuicio alguno contra nadie, que solo tiene un compromiso con la verdad, y que realiza su trabajo con una objetividad galvanizada en su convicción de que el cumplimiento de su mandato es una oportunidad histórica para el país que no debemos desperdiciar.

Salvador Peña es coordinador general de la Sede Regional Centro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

 

Defensores Comunitarios  y Comisión de la Verdad

Ruth Mier y Terán

Los defensores comunitarios conocemos de cerca nuestra realidad, somos testigos de los hechos ocurridos durante la violencia política y quisiéramos ser partícipes de la ardua labor que ustedes realizan ante nuestros pueblos.

 

En el jardín de la Universidad Nacional de Huancavelica, durante el receso del primer día de audiencias públicas, Salomón Lerner, presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, recibió, al cierre de un almuerzo con comuneros de Angaraes, la Carta abierta de recomendaciones de un grupo de doce Defensorías Comunitarias de Huancavelica. Muchos de los asistentes se preguntaron qué era un defensor comunitario y por qué esta organización entregaba un documento como aquel a la Comisión.

Los defensores comunitarios del departamento de Huancavelica llevan ya nueve meses desarrollando acciones de promoción y vigilancia de los derechos humanos. Esta es una zona en la que recientemente está interviniendo el Área de Educación del IDL, que lleva tres años impulsando más de sesenta y dos Defensorías Comunitarias alrededor del país.

Las dificultades para realizar un trabajo voluntario en poblaciones como aquellas en las que estos defensores llevan a cabo sus actividades, son innumerables. En zonas de extrema pobreza, donde las vías de acceso son limitadas la mayor parte del año e imposibles en época de lluvias, ellos trabajan en doce comunidades de las más alejadas de la capital de la provincia. Del mismo modo, luchan contra la dificultad de realizar un trabajo de educación en derechos humanos en un departamento en el que el 34 por ciento de la población es analfabeta.

La protección de derechos en las Defensorías de Huancavelica, como en muchas otras alrededor del país, pasa por la resolución de conflictos relacionados con la violencia en el hogar o con la vulneración de los derechos fundamentales de las personas. Esta iniciativa en la búsqueda de la verdad es un avance significativo en su concepción de los derechos humanos y en su capacidad para reclamar justicia.

A través de los talleres de trabajo, los defensores, que en un primer momento veían a la CVR como ajena a ellos y como responsable de que el dolor volviese a sus memorias, han llegado a aceptarla como el instrumento para que el recuerdo pueda sanar las heridas, y ahora reconocen que su participación es valiosa para el éxito de los objetivos de la Comisión.

Son grandes las limitaciones del trabajo de una comisión de la verdad en la tarea de esclarecer crímenes y violaciones de los derechos humanos y determinar responsabilidades en un espectro de treinta mil casos que involucran todo tipo de actos violentos contra la persona. Sin embargo, el esfuerzo de invitar a participar a más de sesenta defensores comunitarios en las audiencias públicas y de aceptar recomendaciones de ellos a través de una Carta abierta, refleja la voluntad de involucrar a la población y en particular a los grupos de la sociedad civil en este camino de búsqueda de la verdad.

La inclusión de los defensores en este proceso se hace necesaria, tanto por el número de casos en las comunidades lejanas cuanto por las dificultades culturales que implica dar a conocer los objetivos de la Comisión entre la población quechuahablante.

Por esto, la Carta abierta a la Comisión de la Verdad y Reconciliación tiene gran relevancia. De esta manera la Comisión busca la plena participación de las comunidades y estas, a través de los defensores, reconocen su nivel de responsabilidad en este proceso, del que toda la sociedad civil debe formar parte si queremos que el camino a la reconciliación nacional sea exitoso.

Ruth Mier y Terán es miembro del Área de Educación del IDL.

 

Carta abierta a la Comisión
de la Verdad

Los sesenta y cuatro defensores del departamento de Huancavelica elaboraron una Carta abierta a la CVR en la que recomendaron:

– Investigar casos de violaciones de los derechos humanos en las localidades de más difícil acceso.

– Brindar mayor información en las comunidades quechuahablantes, en relación con la función y objetivos de la Comisión.

– Permitir un mayor nivel de participación de la población, de manera que los casos presentados en las audiencias sean elegidos por el pueblo.

Finalmente, los defensores señalaron la necesidad de que el país sea testigo del sufrimiento por el que han pasado, y exigen la presencia de todos los medios de comunicación en las audiencias públicas.

 

El rostro de Huancavelica

Rocío Franco

Desde lejos vengo, desde lejos vengo,
trayendo verdad, trayendo verdad.

 

Con este estribillo recibieron los comuneros y comuneras a los ocho comisionados que asistían a las audiencias públicas de Huancavelica. Era una mañana helada, pero el intenso celeste del cielo serrano y el sol brillando en lo alto auguraban un buen día para las audiencias.

La fiesta había comenzado el día anterior: carpas, paneles, pancartas y afiches coloreaban la plaza de Huancavelica, y por la noche desfilaron colegiales, gente de organizaciones y comunidades. Los grupos habían preparado danzas, canciones y presentaciones teatrales; llegaban con hermosos trajes e instrumentos. Una niña de una agudísima voz cantaba al lado de su orgulloso padre. Los jóvenes tocaban guitarras para las voces de hermosas comuneras. Las coquetas flores de sus vistosos sombreros daban testimonio de su soltería.

Todos daban la bienvenida a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. A la mejor usanza andina, les regalaban canciones y bailes como un gesto de agradecimiento por el hecho de haber acudido a escucharlos, pero también era una forma de crear lazos y compromisos entre esta Comisión y Huancavelica. Tras el gesto se esconde la esperanza de que "escuchar" en las audiencias sea el primer paso en una nueva relación y no un único encuentro.

"Tantas veces han llegado a Huancavelica, ofreciendo, ofreciendo para después dejarnos solos", nos confesó uno de los concurrentes. La gente desconfía, y es natural. Se trata de un departamento desmembrado por sus precarias carreteras y célebre por su pobreza: desde hace varias décadas ostenta el triste galardón de ser el departamento más pobre del Perú.

Estas audiencias han tenido la virtud de permitir a las y los huancavelicanos mostrar otro rostro al país: el de un pueblo generoso, de gente honesta, luchadora y orgullosa. Al salir esa primera mañana de la audiencia, los comisionados y quienes nos encontrábamos allí fuimos recibidos con habas tostadas, jarras de refrescante chicha y otras delicias. Las comunidades huancavelicanas habían hecho de las audiencias un día de fiesta, un día consagrado a la memoria.

Frente a los alimentos compartidos con tanta generosidad, solo nos queda el compromiso de regresar y cuidar que el proceso que se inicia con la Comisión llegue a buen término. Escuchar y atender no solo sus dolorosas historias sino también sus propuestas de participación.

Rocío Franco es responsable del Área de Educación del IDL.