Jornadas de duelo y condolencia
Carlos Iván Degregori
La Comisión de la Verdad y Reconciliación avanza: recopilación de testimonios, investigación de casos y responsabilidades, y exhumaciones. También, preparación de fórmulas de justicia y reparación y de las recomendaciones finales. En el medio –con la perspectiva de que el proceso es parte del resultado–, audiencias públicas. Esta vez les tocó a dos zonas castigadas sin compasión por la espiral de violencia que sufrió el país: Huancayo y Huancavelica.
Apenas a mis años aprendí el
significado profundo de la palabra con-dolencias. Comprendí la frase "te
acompaño en tu dolor", rutinizada al punto que prefería evitarla.
Soy antropólogo y aprendí hace tiempo sobre los rituales de
la muerte en diferentes pueblos. Sabía que ya incluso los neanderthal
enterraban a sus muertos con rituales, y que esos rituales para encarar
momentos críticos –nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte; sobre todo la
muerte– se confunden con el surgimiento mismo de la especie humana.
Creía que sabía, pero nada ni nadie me había preparado para
una confrontación tan abrumadora y masiva con el dolor y la muerte... en mi
país, en lugares que conocía y siento míos, que había recorrido después de la
violencia y donde ya había recogido testimonios desgarradores. Pero las
audiencias han sido diferentes, por su formato ritualizado y la masividad de
los relatos. Nadie puede quedar indiferente o decir que ya lo sabía.
***
Los relatos más dolorosos son los de las desapariciones.
Algo había leído y escuchado sobre la "elaboración del duelo",
necesaria para superar pérdidas traumáticas. Pero cómo elaborar el duelo si no
hay certeza de la pérdida. Es la herida que no cierra. Los testimoniantes
hablan de los desaparecidos en presente: "soy la esposa de fulano de tal...", "mi padre es muy querido...". Al menos
mientras relatan, parece que el tiempo se hubiera detenido. Y la esperanza,
terca, irracional, persiste a pesar de ellos mismos, se cuela en algún sueño,
renace al menor indicio. Desesperante esperanza. El episodio abierto necesita
un final, aunque sea el desenlace triste que todos sospechan.
Por eso en los testimonios aparece, recurrente, el pedido:
"devuélvanme aunque sea sus huesos para enterrarlos, para ponerle flores,
rezar, encender velas". Denme un lugar donde anclar mi memoria, donde
ordenar mis recuerdos, donde conmemorar (el día de su santo, el día de los
muertos) y sentir, por fin, que el tiempo vuelve a ponerse en movimiento y la
vida continúa.
***
La indiferencia y el silencio son sal sobre la herida. Cómo
elaborar el duelo si nadie escucha tu grito. Peor, si ni siquiera puedes gritar
y el llanto se te queda atravesado en la garganta, aunque llores todos los días.
Para elaborar el duelo necesitas compañía, condolencias. Es un proceso social.
Pero la sociedad volvió la mirada. El Estado, después de ser muchas veces el
perpetrador, remató la faena dejando solas a las víctimas o a sus familiares,
bloqueando el camino hacia la justicia. Recién comprendí por qué grita esa
mujer en medio del puente en el cuadro de Munch.
Escuchando a las víctimas sentí el poder de los relatos
bíblicos y evangélicos. La Dolorosa multiplicada en esas madres con el corazón
una y otra vez atravesado de puñales a lo largo de su interminable vía crucis,
que las lleva de la comisaría o el cuartel al juzgado, al abogado, al pueblo, a
la capital departamental, a Lima, ida y vuelta, muchas veces. Y nada, nunca,
como si Kafka hubiera armado sus relatos. Aunque en ciertas ocasiones, en el
momento menos esperado, algún soldado, policía, vecino, rondero, colabora, se
convierte en cómplice, ayuda a cargar la cruz: el buen samaritano.
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Durante las audiencias, sobre todo, sentí vergüenza por
nuestras instituciones. Compartí la indignación de hombres y mujeres de todas
las edades que no imaginan cómo algo así pudo pasar y, peor, quedar impune.
"No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague", dice el
refrán, y cuanto antes el país enfrente esta enorme deuda moral y la resuelva,
sin ánimo de venganza pero tampoco de impunidad, más posibilidades tendremos de
construir un futuro saludable. No hacerlo sería intentar reconstruir el país
escondiendo literalmente los cadáveres en el closet y su polvo bajo la
alfombra. Las culpas, los resentimientos, los traumas, los desprecios, el vale
todo seguirían reinando.
Tal vez algún día las heridas cicatricen, pero dejarán tales
tajos en el rostro de la nación, que será imposible presentarse dignamente, no
solo ante la comunidad internacional sino ante las siguientes generaciones de
peruanos, que inevitablemente nos juzgarán.
Buscar la verdad, hacer justicia y ofrecer reparación
es el camino a la reconciliación nacional, que solo será posible si nos
decidimos a construir por fin un país de ciudadanos libres e iguales. Si el
Perú lo hubiese sido en 1980, la violencia no se hubiera desbordado,
ensañándose especialmente con los más pobres, las mujeres, los indígenas
quechuas, aimaras y amazónicos. Ojalá las audiencias ayuden a comprender la
necesidad de esta construcción.
Carlos Iván Degregori es miembro de la Comisión de la
Verdad y Reconciliación.
Participación ciudadana y compromiso con el futuro
Salvador Peña Guerra
Las audiencias públicas
realizadas en Huancayo el 22 y 23 de mayo último, y las de Huancavelica el 25 y
26, tuvieron exitosos antecedentes en las audiencias de Huamanga y Huanta
realizadas el mes anterior. Una verdad distinta de la que se consideraba la
oficial, pero intuida o sospechada por la población, empezó a escucharse de
boca de las propias víctimas o sus familiares. Con ello se iniciaba otro
momento, duro pero a la vez esperanzador, para el país, para la inmensa mayoría
que desea fervorosamente que el pasado de horror y vergüenza no se repita nunca
más.
Culminadas las últimas audiencias, el balance es muy
positivo. De un lado, se logró ampliar el impacto de las anteriores con una
masiva presencia de hombres, mujeres, jóvenes y niños, así como con una comprometida
participación de casi todas las instituciones de la sociedad civil. De otro, se
hizo de conocimiento nacional una realidad regional mayormente ignorada pero
que sufrió igual, en todos los sectores sociales, en la ciudad y el campo, y
durante muchos años. De manera particular, se evidenció lo sucedido en la selva
central, en las comunidades asháninkas cuyo sufrimiento y afectación,
comparativamente, son lo más grave que pueda haber sucedido en los últimos
veinte años.
Organización y
participación
La organización de las audiencias supone una minuciosa
planificación y logística que recae en la Unidad de Audiencias Públicas de la
CVR. Este inmenso trabajo, acompañado por el equipo de la Sede Regional, es el
que garantiza el resultado final. Sin exagerar, nada, ni el más mínimo detalle,
queda sin considerarse.
En Huancayo y Huancavelica, las audiencias destacaron por
una importante participación de la sociedad civil desde el mismo proceso de
preparación. La mayoría de ONG, tanto locales cuanto nacionales, apoyaron y se
comprometieron, demostrando que el enfoque de derechos humanos está
incorporándose a su trabajo cotidiano. Esto es particularmente importante en
una zona donde no se puede proponer desarrollo sin considerar el impacto que
sobre las personas y la institucionalidad tuvo la violencia política.
Significativa fue, también, la presencia de todas las universidades de la
región, así como de un buen número de colegios profesionales.
De idéntica manera, las organizaciones de base,
particularmente de las víctimas (huérfanos, viudas, desplazados, familiares),
tuvieron una participación activa. Su presencia, respaldando la labor de la
CVR, presentando su problemática y demandas y asistiendo ordenadamente a las
audiencias, demuestra que están ganando un espacio de actoría social cada vez
más importante. Ello es significativo en vistas de la presentación del informe
de la CVR y sus recomendaciones.
De manera especial, cabe destacar el compromiso y la
colaboración directa que, en calidad de voluntarios, brindaron las
organizaciones juveniles. La Iglesia católica en Huancayo dio un respaldo
decisivo e invalorable. Similar actitud tuvo la mayoría de denominaciones
evangélicas de la región.
Marcha por la paz y
vigilia
Huancayo y Huancavelica, en la víspera de sus respectivas
audiencias, fueron escenarios de multitudinarias manifestaciones de solidaridad
con las víctimas y de respaldo a la CVR. En ambas ciudades, miles de personas
salieron a las plazas principales portando banderolas, pancartas y velas
encendidas.
Una suerte de sentimiento colectivo, callado por años por
temor o prudencia, se hizo público. Esto demuestra no solo que no se habían
cerrado las heridas, sino también que la población de esta región tiene fresca
la memoria de los tiempos del horror, que se solidariza con las víctimas y
desea expresar su rechazo a la violencia y lo que esta genera.
Estas manifestaciones, y la presencia masiva en las
audiencias, indican la existencia de una intuición ciudadana (popular)
mayoritaria de que es buena y necesaria la verdad, que esta puede conducirnos a
una situación diferente, sobre la cual es posible darnos una nueva oportunidad.
Es alentador descubrir este sentimiento, porque señala que el trabajo de la CVR
va por buen camino, aunque debemos reconocer que falta realizar mayor trabajo
de difusión y educación.
Más allá de los
testimonios
Es verdad que cada uno de los testimonios fue desgarrador, y
que nos mostraron que un desaparecido, un muerto, un torturado, una mujer
violada, un huérfano, un desplazado, en fin, una víctima, no es un número en
las estadísticas, sino un ser humano con nombre, con rostro, con familia, que
tenía sueños y proyectos.
Esta constatación es fundamental, y a ello contribuyen las
audiencias públicas. Hasta antes de estas, para la población en general las
víctimas de la violencia política eran solo referencias, números, desconocidos;
eran "los otros". Ahora empiezan a ser vistos como lo que son y, tal
vez, como "los nosotros". Este acercamiento a las víctimas es imprescindible
en ese gran desafío que significa la reconciliación, desafío que no terminará
con el periodo de vida de la CVR.
¿Qué nos dicen los testimonios más allá de los detalles
narrados? De lo escuchado se desprenden algunas conclusiones:
• Las víctimas o sus familiares y su entorno inmediato
han caído en una precarización moral y material que tiende a agudizarse.
•El trauma psicológico y material se reproduce en la
familia, alcanzando a las nuevas generaciones.
• Al margen de quién o quiénes fueron los
perpetradores, el impacto y el perjuicio suele ser el mismo.
• Sorprendentemente, el dolor, el trauma, la
precarización, la desatención y el resentimiento acercan a las víctimas, las
ubican en un solo lado.
Lo nuevo en estas
audiencias
Sin duda, lo que marcó las audiencias públicas de Huancayo y
Huancavelica, aparte de los testimonios que permitieron conocer una realidad
regional que estuvo relativamente oculta, fue la masiva participación de la
ciudadanía. De una parte, la población pudo estar "cerca y al lado"
de la CVR, sintiendo que no es un organismo abstracto o distante; de otra, los
propios comisionados y funcionarios de la CVR se dieron un "baño de
multitud", acercándose a quienes confían en su labor.
Es importante señalar que en esta oportunidad no se
produjeron manifestaciones contrarias a la CVR. En las audiencias estuvieron
presentes víctimas de todos los sectores, de todo nivel social y cultural, de
todo tipo de perpetrador. A todos se les dio el espacio de escucha y respeto. Ojalá
se entienda que la Comisión no tiene prejuicio alguno contra nadie, que solo
tiene un compromiso con la verdad, y que realiza su trabajo con una objetividad
galvanizada en su convicción de que el cumplimiento de su mandato es una
oportunidad histórica para el país que no debemos desperdiciar.
Salvador Peña es coordinador general de la Sede
Regional Centro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Defensores Comunitarios y Comisión de la Verdad
Ruth Mier y Terán
Los defensores comunitarios conocemos de cerca
nuestra realidad, somos testigos de los hechos ocurridos durante la violencia
política y quisiéramos ser partícipes de la ardua labor que ustedes realizan
ante nuestros pueblos.
En el jardín de la
Universidad Nacional de Huancavelica, durante el receso del primer día de
audiencias públicas, Salomón Lerner, presidente de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación, recibió, al cierre de un almuerzo con comuneros de Angaraes, la
Carta abierta de recomendaciones de un grupo de doce Defensorías Comunitarias
de Huancavelica. Muchos de los asistentes se preguntaron qué era un defensor
comunitario y por qué esta organización entregaba un documento como aquel a la
Comisión.
Los defensores comunitarios del departamento de Huancavelica
llevan ya nueve meses desarrollando acciones de promoción y vigilancia de los
derechos humanos. Esta es una zona en la que recientemente está interviniendo
el Área de Educación del IDL, que lleva tres años impulsando más de sesenta y
dos Defensorías Comunitarias alrededor del país.
Las dificultades para realizar un trabajo voluntario en
poblaciones como aquellas en las que estos defensores llevan a cabo sus
actividades, son innumerables. En zonas de extrema pobreza, donde las vías de
acceso son limitadas la mayor parte del año e imposibles en época de lluvias,
ellos trabajan en doce comunidades de las más alejadas de la capital de la
provincia. Del mismo modo, luchan contra la dificultad de realizar un trabajo
de educación en derechos humanos en un departamento en el que el 34 por ciento
de la población es analfabeta.
La protección de derechos en las Defensorías de
Huancavelica, como en muchas otras alrededor del país, pasa por la resolución
de conflictos relacionados con la violencia en el hogar o con la vulneración de
los derechos fundamentales de las personas. Esta iniciativa en la búsqueda de
la verdad es un avance significativo en su concepción de los derechos humanos y
en su capacidad para reclamar justicia.
A través de los talleres de trabajo, los defensores, que en
un primer momento veían a la CVR como ajena a ellos y como responsable de que
el dolor volviese a sus memorias, han llegado a aceptarla como el instrumento
para que el recuerdo pueda sanar las heridas, y ahora reconocen que su
participación es valiosa para el éxito de los objetivos de la Comisión.
Son grandes las limitaciones del trabajo de una comisión de
la verdad en la tarea de esclarecer crímenes y violaciones de los derechos
humanos y determinar responsabilidades en un espectro de treinta mil casos que
involucran todo tipo de actos violentos contra la persona. Sin embargo, el
esfuerzo de invitar a participar a más de sesenta defensores comunitarios en
las audiencias públicas y de aceptar recomendaciones de ellos a través de una
Carta abierta, refleja la voluntad de involucrar a la población y en particular
a los grupos de la sociedad civil en este camino de búsqueda de la verdad.
La inclusión de los defensores en este proceso se hace
necesaria, tanto por el número de casos en las comunidades lejanas cuanto por
las dificultades culturales que implica dar a conocer los objetivos de la
Comisión entre la población quechuahablante.
Por esto, la Carta abierta a la Comisión de la Verdad
y Reconciliación tiene gran relevancia. De esta manera la Comisión busca la
plena participación de las comunidades y estas, a través de los defensores,
reconocen su nivel de responsabilidad en este proceso, del que toda la sociedad
civil debe formar parte si queremos que el camino a la reconciliación nacional
sea exitoso.
Ruth Mier y Terán es miembro del Área de Educación
del IDL.
Carta abierta a la Comisión
de la Verdad
Los sesenta y cuatro defensores del departamento de
Huancavelica elaboraron una Carta abierta a la CVR en la que recomendaron:
– Investigar casos de violaciones de los derechos humanos en
las localidades de más difícil acceso.
– Brindar mayor información en las comunidades
quechuahablantes, en relación con la función y objetivos de la Comisión.
– Permitir un mayor nivel de participación de la población,
de manera que los casos presentados en las audiencias sean elegidos por el
pueblo.
Finalmente, los defensores señalaron la necesidad de
que el país sea testigo del sufrimiento por el que han pasado, y exigen la
presencia de todos los medios de comunicación en las audiencias públicas.
El rostro de Huancavelica
Rocío Franco
Desde lejos vengo, desde
lejos vengo,
trayendo verdad, trayendo verdad.
Con este estribillo recibieron los comuneros y
comuneras a los ocho comisionados que asistían a las audiencias públicas de
Huancavelica. Era una mañana helada, pero el intenso celeste del cielo serrano
y el sol brillando en lo alto auguraban un buen día para las audiencias.
La fiesta había comenzado el día anterior: carpas, paneles,
pancartas y afiches coloreaban la plaza de Huancavelica, y por la noche
desfilaron colegiales, gente de organizaciones y comunidades. Los grupos habían
preparado danzas, canciones y presentaciones teatrales; llegaban con hermosos
trajes e instrumentos. Una niña de una agudísima voz cantaba al lado de su
orgulloso padre. Los jóvenes tocaban guitarras para las voces de hermosas
comuneras. Las coquetas flores de sus vistosos sombreros daban testimonio de su
soltería.
Todos daban la bienvenida a la Comisión de la Verdad y
Reconciliación. A la mejor usanza andina, les regalaban canciones y bailes como
un gesto de agradecimiento por el hecho de haber acudido a escucharlos, pero
también era una forma de crear lazos y compromisos entre esta Comisión y
Huancavelica. Tras el gesto se esconde la esperanza de que "escuchar"
en las audiencias sea el primer paso en una nueva relación y no un único
encuentro.
"Tantas veces han llegado a Huancavelica, ofreciendo,
ofreciendo para después dejarnos solos", nos confesó uno de los
concurrentes. La gente desconfía, y es natural. Se trata de un departamento
desmembrado por sus precarias carreteras y célebre por su pobreza: desde hace
varias décadas ostenta el triste galardón de ser el departamento más pobre del
Perú.
Estas audiencias han tenido la virtud de permitir a las y
los huancavelicanos mostrar otro rostro al país: el de un pueblo generoso, de
gente honesta, luchadora y orgullosa. Al salir esa primera mañana de la
audiencia, los comisionados y quienes nos encontrábamos allí fuimos recibidos
con habas tostadas, jarras de refrescante chicha y otras delicias. Las
comunidades huancavelicanas habían hecho de las audiencias un día de fiesta, un
día consagrado a la memoria.
Frente
a los alimentos compartidos con tanta generosidad, solo nos queda el compromiso
de regresar y cuidar que el proceso que se inicia con la Comisión llegue a buen
término. Escuchar y atender no solo sus dolorosas historias sino también sus
propuestas de participación.
Rocío Franco es responsable del Área de Educación del
IDL.