El conflicto árabe-israelí: Verdades y falsedades

Guillermo Bronstein

Frente al conflicto en Medio Oriente, nos ubicamos entre quienes creen que de ambos lados hay víctimas, víctimas y víctimas, y  también victimarios. Difícil tomar partido por algunas de las causas en conflicto, aunque de algo sí estamos seguros: ninguna de ellas justifica las barbaridades cometidas por ambos lados. Ahora, según lo que conocemos a través de los medios de comunicación, nuestra impresión es que en los últimos acontecimientos el turno de víctima ha estado más del lado de los palestinos, lo que no los libera de sus propios crímenes en este mismo contexto. Desde esa perspectiva, en la edición anterior publicamos un artículo de Gullermo Giacosa que ha provocado la respuesta del rabino Guillermo Bronstein, punto de vista que respetamos y cumplimos con publicar.

 

En un reciente artículo de Marcos Aguinis en La Nación de Buenos Aires, el autor indica, con sorna no exenta de sentido común, que los palestinos no pierden la oportunidad de perder una oportunidad. Dejemos de lado la reticencia a declarar el Estado Palestino en 1947, o entre 1948 y 1967, cuando nadie ocupaba ni Gaza ni la banda occidental del Jordán. Este hecho incontrovertible demuestra que la ocupación de una parte de la banda occidental no es el motivo del terror palestino. Entre 1949 y 1967 no había tal ocupación, y los actos de sabotaje y terror se lanzaban a diario contra Israel...

En estos días vemos una escalada que preocupa al mundo por las implicaciones que podría tener. Si Sadam Hussein se hubiese decidido a "ayudar" a los palestinos que estuvieron sitiados en Ramala y a los que desecraron la santidad de la Basílica de la Natividad irrumpiendo en ella; si Sadam hubiera lanzado misiles contra Israel, esto daría a Estados Unidos la excusa que está buscando para terminar con Sadam.

Todo esto se hubiera evitado si Arafat hubiese (y lo hubiera podido hacer aun sitiado) cumplido con los pocos compromisos a los que se vio atado por los acuerdos de Oslo: destruir a las facciones dispuestas a acudir al terrorismo para oponerse a Oslo: Hamas y Jiad Islámica. De hecho, ellos lanzaron ataques terroristas sobre Israel en 1994, tratando de socavar la seguridad de Israel y la confianza de los israelíes en Oslo. Lo que consiguieron, y era lo que deseaban, era que Peres no fuese elegido, sino un premier como Netanyahu o Sharon, que, sabían, iba a ser poco proclive a dialogar sin armas para combatir actos de terror.

Sí, personas como Bastenier y otros deben reconocer la verdad: Arafat se comprometió por los acuerdos de Oslo a ser la policía que debe eliminar aunque sea a sangre y fuego a aquellas facciones dentro de los palestinos que desde el principio se han opuesto a Oslo. Por una sola razón: no aceptan un Estado Palestino que tenga que convivir con el Estado de Israel. Si pueden obrar con esa crueldad e ilegalmente con los supuestos colaboradores palestinos de Israel, ¿por qué no pueden hacerlo con aquellos que desde el corazón del pueblo palestino se oponen a un compromiso negociado con Israel?

Por último, Arafat tenía que terminar con un sistema educativo que, además de servir a los intereses de quienes no quieren una convivencia con Israel, sirvió a los objetivos de quienes ensayan, al decir de Thomas Friedman del New York Times, las armas del siglo XXI: el terrorismo suicida como elemento para lograr objetivos políticos. Si hoy Israel no derrota a quienes intentan ensayar estas armas, mañana España tendrá atentados suicidas en el País Vasco y en todo el territorio del país. Ya lo han hecho en Nueva York y en Washington. ¿Qué hace falta para que alcancen Europa?

La solución al conflicto debe ser negociada. Lamento decir que en Camp David II, la UE falló en presionar a Arafat y a la conducción palestina para que aceptasen un acuerdo más que justo y duradero. En las futuras negociaciones que luego del presente infierno deberán necesariamente venir, si es que de verdad la UE y la Liga Árabe desean paz y tranquilidad en la zona, y justicia para ambos pueblos, deberán dejar claro a Arafat que es inaceptable la no aceptación de lo que Israel le ofrezca; que seguramente incluirá un Estado Palestino que conviva con Israel (pero no que dependa de él para su manutención) con capital en la parte árabe de Jerusalén y el desmantelamiento de la mayor parte de los asentamientos en Cisjordania, y en la totalidad de Gaza.

Dentro del fenómeno que se ha potenciado desde setiembre del 2000, al que he denominado la información asimétrica (respecto del conflicto y de sus actores), mucho se insiste en la falacia de que Sharon, al ser el asesino de Sabra y Chatilla, es el principal escollo para la paz.

Esto se expresa por escrito como si fuese una verdad revelada. La verdad auténtica que cualquiera puede verificar es que la masacre (porque sí fue eso, sin atenuantes) fue perpetrada por las falanges cristianas en venganza por el asesinato del presidente Gemayel.

Ningún soldado israelí estuvo presente en el campo de Sabra o de Chatilla, ni Sharon dio orden alguna para el espantoso e inaceptable proceder de las milicias. Sí pecó por omisión por no haber previsto lo que podía pasar. De ahí a seguir calificando a Sharon como el asesino de los campos palestinos de Beirut hay tanta distancia como si se dijese que Tomás Eloy Martínez plagió Santa Evita del doctor Pedro Ara...

El 6 de febrero Sharon ganó las elecciones democráticas no apoyado por la reacción, sino por un electorado cansado y desilusionado de la violencia palestina resultado del rechazo al plan de paz de Camp David II.

Se dicen falsedades sobre Camp David 2000, que ningún periodista serio que se preciase de serlo dejaría de corroborar. Por ejemplo, que Israel insistía en seguir en posesión de los barrios árabes de Jerusalén.

La verdad sabida por cualquier cronista político bien intencionado es que mucho antes de Camp David II la fórmula ya aceptada por Israel a través de Iosi Beilin era: lo que es judío para Israel, lo que es hoy árabe para el futuro Estado Palestino. Arafat no se avino a aceptar ni esta ni muchas otras concesiones, al punto que los mismos dirigentes palestinos moderados (Hannan Ashrawi, entre otros) hubiesen tomado de inmediato. De ahí que Arafat optó por la violencia como vía para obtener más concesiones de Israel, opción esta que lo llevó a aceptar una alianza con el llamado Frente de Rechazo (de los Acuerdos de Oslo que terminaban con cincuenta años de no aceptación del derecho de Israel a la existencia como Estado Judío independiente): Hamás y Jihad Islámica, conocidos grupos terroristas que, al producir actos de terror y masacres indiscriminadas de ciudadanos israelíes en autobuses, cafés y hoteles en 1994, determinaron que el electorado israelí se volcase por la derecha (en ese entonces Netanyahu), que ofrece siempre imagen de dureza pero de seguridad.

Ni en ese entonces, ni hasta ahora en que Israel decidió combatir el terrorismo que Arafat se obligó a extirpar en Oslo y con quien prefirió aliarse, hemos oído la voz de García Márquez y similares canonizadores de mártires quejarse por el uso de la violencia indiscriminada. Parecería otra vez que si la violencia se emplea contra judíos, es resistencia a la ocupación. Si los judíos deciden que deben defenderse se debe definir a esa defensa como terrorismo de Estado (sionista, para ser más precisos). Nunca nos cansaremos de decir que si aún hoy no existe un Estado Palestino es porque Arafat así lo decidió en Camp David II; y si hoy hay un estado de guerra es porque Arafat decidió aliarse con los grupos terroristas que rechazaron explícitamente Oslo, grupos a los que Arafat se comprometió a extirpar.

Israel cumplió la mayoría de las resoluciones de la ONU; a saber:

a) La 242. En ella se dice en el original inglés que Israel debe retirarse "de territorios" que haya ocupado como consecuencia de la agresión de Egipto, Jordania, Siria y otros países árabes en junio de 1967. Israel se retiró totalmente del Sinaí, y el resultado es la paz con Egipto desde 1982. Recordemos, además, que la resolución 242 reconoce el derecho de Israel y el de los estados árabes vecinos a vivir en paz, dentro de fronteras seguras y reconocidas. Siria aún no ha aceptado esta parte del enunciado, pese a que Barak le ofreció a Siria todo el Golán a cambio de la normalización de relaciones.

b) Israel se retiró totalmente del sur del Líbano, tal como dice otra resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿El resultado? Hezbollah sigue bombardeando el norte de Israel, con la anuencia libanesa y de Siria (potencia ocupante, cuyo status a nadie parece molestar) sin que ni la ONU ni el club de los amantes de la paz digan una sola palabra...

c) La primera de las resoluciones que tuvo por objetivo evitar todo el derramamiento de sangre fue la 181 del 29 de noviembre de 1947. En ella se establecía la creación de dos estados, uno árabe y otro judío. La aceptación judía llevó a la creación de Israel; el rechazo palestino y árabe, a la no existencia de un Estado Árabe Palestino hasta hoy.

Esta es la verdad que la Historia registra, libre de prejuicios y falsas premisas.