Hacer la labor de seguimiento y monitoreo en las zonas de
intervención del Área de Educación del IDL es una de las actividades que se
realizan con el mayor de los gustos,
pues significa recorrer cada una de las comunidades.
Sandra González W.
Ancha Munacocc Apu Taytallay
Jucha Llaycuta Pampa Chahuayco
Munay Niyquitacc Ruhuascca Cachun
Allin Causayta Apachimo Huayco1
(Dios misericordioso
Perdona nuestros pecados
Hágase tu voluntad
Mándanos la paz y la unión)
Esta es
parte de una plegaria que se dedica en estos días de festividades al Señor de
Ánimas de Kanchuillca, patrono de la ciudad de Chalhuanca, capital de la
provincia de Aymaraes, departamento de Apurímac. Sin embargo, esta vez
pareciera que la plegaria no está siendo escuchada por el "Apu
Taytallay", pues el desastre que se vive por las bajas temperaturas en
estas zonas del país está terminando no solo con vidas humanas sino también con
el ganado, pastizales y sembríos, dejando aún más miseria y desolación.
Comencé la visita de los diecisiete
distritos de la provincia de Aymaraes sin contratiempos, el 27 de junio. El
primer día tenía como destino los distritos de Colcamamba y Toraya. Nada hacía
presagiar que unos días después habría un cambio de clima tan radical, pues
nadie había pronosticado aún las bajas temperaturas que iban a azotar esta zona
del país. Así que proseguí el recorrido previsto sin alterar mi calendario,
pues debía cumplir con las metas establecidas.
Al cuarto día de
trabajo los termómetros comenzaron a bajar sensiblemente y la capa de nieve,
que habitualmente cubre solo los picos de las montañas, empezaba a colorear
también las faldas. Esto anunciaba cambios no vistos en la zona desde hacía
muchos años. Los lugareños atribuían este fenómeno a las festividades de San
Pedro y San Pablo, cuando tradicionalmente llueve en la zona. El 1 de julio
comenzó a nevar durante el día. No recuerdo exactamente la hora, pero sí que
fue un alegre comienzo, con los niños y jóvenes jugando con los copos de nieve.
A las pocas horas la ligera nevada se transformó en una tormenta de nieve. Esa
noche, los caminos que unen los diferentes distritos por donde debíamos pasar
estaban cubiertos por una capa de nieve de veinticinco centímetros de altura.
En realidad, no había ido preparada para
tales condiciones climáticas, pues, como queda dicho, nadie podía presagiar tan
fuertes nevadas. Se presentó entonces el problema de cómo continuar con el
trabajo en medio de la nieve y la ventisca que congela.
Se habían unido a mi expedición dos
defensoras de la localidad y un miembro del equipo local de Unicef, con los que
decidimos que debíamos continuar nuestro plan de trabajo, porque regresar sin
haber llegado a cubrir nuestro objetivo hubiera significado dejar esperando a
muchas comunidades campesinas reunidas con sus autoridades. Pese a todos los
problemas que se les presentaron con estos cambios climáticos, estas no dudaron
en cumplir con sus compromisos asumidos como defensores. El no llegar a las
zonas pactadas simplemente hubiera significado una pérdida de credibilidad y
confianza frente a todas estas personas que me esperaban con grandes
expectativas, y no estaba dispuesta a arriesgar aquello que tanto esfuerzo ha
costado ganar y que muchas veces, una vez perdido, es irrecuperable.
Llegar y ver el
rostro de emoción y alegría de los defensores fue lo más gratificante. Sé que
el esfuerzo valió la pena. Firmamos en asamblea convenios de cooperación
interinstitucional entre la Defensoría del Pueblo, las Defensorías Comunitarias
y el Instituto de Defensa Legal. Llevamos también la voz de la Comisión de la
Verdad. Me encontré con defensores que ya están no solo involucrados, sino
también comprometidos con la búsqueda de la verdad de la Comisión y que incluso
se encuentran apoyándolos con la difusión, convocatorias y facilitándoles un
local adecuado para la recopilación de testimonios.
Comenzar
el trabajo en esta zona del país en el año 1999 fue muy difícil. Allí nadie
parecía creer que fuera posible iniciar una labor educativa a favor de los
derechos humanos en una zona que fue abatida por la guerra subversiva, donde
era común encontrar enojo, amargura y frustración frente a promesas y proyectos
inconclusos. Luego de tres años de trabajo intenso e ininterrumpido, pude
constatar que la esperanza comienza a retornar y también la fe en que las cosas
pueden cambiar. No sentados, esperando con las manos abiertas algún tipo de
caridad, sino trabajando voluntariamente, aprendiendo a defender sus derechos,
siendo defensores comunitarios. Esto es parte de nuestro trabajo diario y de
nuestro compromiso.
Hacer la labor de "seguimiento y monitoreo" en las
zonas de intervención del Área de Educación del IDL es una de las actividades
de rutina pero que desarrollamos con el mayor de los gustos, pues significa la
oportunidad de recorrer cada una de las comunidades en las que trabajamos; y en
mi caso particular, mucho más si se trata de una zona con la cual mantengo muy
estrechos lazos gracias a que fui parte del equipo local del IDL. Así, me tocó
vivir un año y medio en un departamento al que llegué sin conocer nada ni a
nadie y del que hoy guardo los más gratos recuerdos. Hoy en día formo parte del
equipo central del Área de Educación del IDL, y nada más grato para mí que
regresar a visitar cada uno de los diecisiete distritos de la provincia de
Aymaraes.
Sandra González W. es miembro del Área de Educación
del IDL.
1 Plegaria al
"Señor de Ánimas" de Kanchuillca, Patrono de Chalhuanca.