Plan Nacional de  Reparaciones

Tan solo  el comienzo

 

En el marco del proceso iniciado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cada vez se tiene mayor conciencia de la magnitud y gravedad del daño –de todo tipo– causado a miles y miles de víctimas de violaciones de derechos humanos y, por ende, de la envergadura y complejidad de las reparaciones a las que tienen derecho. En ese trance, resulta de mucha utilidad conocer experiencias similares de otros países. Para eso, tres expertos internacionales están colaborando con algunos organismos de derechos humanos sobre el particular. Ellos son Lisa Magarrel y Pablo de Greiff del International Center for Transitional Justice de los Estados Unidos y Alexander Segovia de Democracia y Desarrollo de Guatemala. ideele conversó con ellos. (David Lovatón)

 

¿Por qué el proceso de reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos no debe limitarse al ámbito judicial?

Pablo de Greiff: En una sociedad ordenada naturalmente, los casos de daño se juzgan uno por uno a través de procesos judiciales. La diferencia en los casos de reparación masiva es que se intenta responder a una situación excepcional que desborda los límites de la institucionalidad por su naturaleza y magnitud. Ello justifica pensar en un proyecto de reparación masiva en términos esencialmente políticos, no en sentido político partidario sino de voluntad política de diversos sectores de la sociedad.

¿Eso significa entonces que un plan nacional de reparaciones debe ser apoyado por una alianza política de diversos sectores?

Alexander Segovia: Efectivamente. Lo que dice la experiencia internacional es que un proyecto de reparaciones tiende a ser visto por muchos como un tema técnico y financiero, cuando en realidad es sobre todo un tema político. Centroamérica ha dado una gran lección al respecto: se diseña un plan de reparaciones pero no se toma en cuenta la dimensión política, en el sentido de que hay que construir una alianza política que lo promueva, lo defienda y asegure su implementación. Si a ello le agregamos que los planes de reparación son de mediano y largo plazo, su continuidad pasa por generar un consenso mínimo en el nivel político nacional que permita a distintas fuerzas políticas e instituciones implementarlo.

Por ende, no basta tener voluntad política; esta tiene que traducirse en una alianza política que impulse, defienda y promueva el programa. Esto es lo que ha fallado muchas veces, según la experiencia internacional. La gran lección es que hay que hacer el plan y, simultáneamente, elaborar una estrategia de implementación política, lo que supone, entre otras cosas, buscar alianzas de todos aquellos sectores que están a favor del plan de reparaciones.

Pero en esa línea de buscar consensos políticos en torno de este tema, ¿cómo compatibilizar estas reparaciones masivas y las abultadas indemnizaciones económicas dispuestas por el sistema interamericano de derechos humanos?

Lisa Magarrel: Obviamente, un Estado que tiene por delante una problemática que abarca miles de personas que han sufrido graves violaciones de los derechos humanos es una situación que requiere una respuesta masiva que presupone ciertas limitaciones que en un caso judicial no se presentan. Entonces, hay que pensar en cómo atender las necesidades de quienes no tuvieron en su momento la oportunidad de presentar un caso ante la justicia, pues la posibilidad de individualizar la atención a cada una de estas víctimas es extremadamente difícil. Por ende, el reto es cómo responder y reparar de manera sensata miles de casos de violaciones de derechos humanos.

¿Es posible distinguir diversos "tipos" de víctimas en un plan de reparaciones? ¿No existe el peligro de generar discriminaciones?

Pablo de Greiff: Es importante que un plan de reparaciones tenga una complejidad que corresponda a la complejidad de la violencia a la cual se está tratando de responder, y eso quiere decir diseñar dicho plan de forma que, por un lado, responda a los aspectos colectivos de la violencia y, simultáneamente, responda de alguna forma a los aspectos y dimensiones individuales de la violencia.

Sin embargo, es importante precisar los costos y beneficios de un mayor o menor nivel de diferenciación en un plan de reparaciones. Una ventaja es la posibilidad de distinguir entre diferentes tipos o magnitudes de daño, como físico o psicológico, distinguir entre el daño por haber sido víctima de tortura y el daño por ser familiar de una persona desaparecida. Todo ello aumenta la posibilidad de que la reparación recibida sea percibida como justa, porque se ha tratado de establecer una relación de proporcionalidad entre daño y reparación. Pero, por otro lado, una dificultad de tratar de hacer tantas distinciones es olvidar que estamos hablando de un plan masivo y que inevitablemente va a tener que ser administrado por instituciones públicas, por lo que cuanto más distinciones aumentarán las dificultades administrativas, y eso también tiene un costo no solo económico sino también administrativo.

Supongamos que hay voluntad política, que hay una alianza política y un buen plan nacional de reparaciones. ¿Cómo enfrentar el problema real de escasez de recursos en un país como el Perú?

Alexander Segovia: Preocupa, no solo aquí sino también en otras experiencias, que el financiamiento sea considerado una variable restrictiva desde el principio, pues a partir de la experiencia de Centroamérica, si bien el país y el gobierno tienen problemas de recursos, eso puede ser superado parcialmente –insisto, parcialmente– cuando hay voluntad política, porque al final, por muy pocos recursos que haya, siempre hay manera de distribuirlos, siempre hay manera de definir prioridades. Por ende, es necesario relativizar el argumento según el cual el plan de reparaciones no puede ser financiado porque no hay recursos, pues si dicho plan tiene prioridad política, tendrá recursos, aunque sean pocos.

Lo segundo es no caer en la tentación de tratar de resolver el problema financiero de una sola vez. Un plan de reparaciones tiene dimensiones de corto, mediano y largo plazo; por lo tanto, no hay que pretender financiarlo de una sola vez, pues eso, en lugar de ayudar, generalmente perjudica, porque manda señales de expectativas y mucha gente se comienza a preocupar. Hay que verlo como fases, es decir, se necesita un dinero inicial, para demostrar compromiso y para abrir puertas y movilizar otros recursos nacionales o internacionales.

En general, estos planes de reparaciones no son financiados por la comunidad internacional, porque se entiende que es un compromiso de responsabilidad del país y del Estado. La comunidad internacional puede ayudar mucho, pero en una segunda fase, cuando ve que hay compromiso y responsabilidad; por tanto, es una fuente de recursos pero que viene después. Así, en el corto plazo hay que financiar los programas de reparación con recursos internos, sean permanentes o extraordinarios, y esa es la otra distinción que hay que hacer: en el Perú se ha mencionado que en el corto plazo posiblemente haya fuentes extraordinarias recuperadas de la corrupción, lo que puede ayudar en el corto plazo para comenzar el plan y mandar señales positivas. Pero no hay que engañarse, pues los recursos extraordinarios no son suficientes para financiar un plan de estos, ya que la fuente principal de financiamiento del plan de reparaciones tiene que venir del presupuesto de la nación.

¿Cuán importante es predeterminar el universo de posibles víctimas para establecer un plan de reparaciones y el financiamiento respectivo?

Lisa Magarrel: Es cierto que para plantear algún programa, al menos en su fase inicial, se debe tener una idea del universo de potenciales víctimas, pero la experiencia nos muestra que este esfuerzo es algo que también ocurre en fases. En el ámbito internacional tenemos ejemplos de que después de terminado el periodo de las Comisiones de la Verdad continúa el flujo de denuncias de víctimas de violaciones de derechos humanos.

Pablo de Greiff: Para ilustrar esto, la Comisión Sudafricana recibió testimonios de 22 000 víctimas, y en este momento hay entre 12 000 y 15 000 personas que reclaman que hubieran podido participar en ese mismo proceso en las mismas condiciones que las
22 000.

¿Qué es mejor: una reparación económica individual de "pago único" o gradual como una pensión de jubilación, de viudez u orfandad?

Pablo de Greiff: Si la distribución es gradual, por cuotas, obviamente se solucionan muchos problemas, como permitir la inclusión –bajo determinadas condiciones objetivas– de nuevas víctimas. Respondiendo a la pregunta, puesto en esos términos de disyuntiva, yo creo que hay ventajas inmensas en pensar en una distribución gradual de beneficios en vez de una distribución única de una sola vez.

En cuanto a la dimensión colectiva de las reparaciones, ¿en qué se asemeja o diferencia esta de los programas gubernamentales de inversión social en salud, educación o vivienda?

Alexander Segovia: El riesgo mayor que hay que evitar es el de diluir y desvirtuar el programa de reparaciones. Los programas sociales son absolutamente necesarios, y es posible que un programa de reparaciones tenga un componente de esta dimensión. El problema es querer asociar mecánicamente y querer reducir el tema de la reparación al tema de la inversión social. El otro tema que me ha preocupado en el caso peruano es la tendencia, bienintencionada por cierto, de pretender que el programa de reparaciones va a resolver los problemas estructurales de este país. El problema es que, primero, todo el mundo va a salir defraudado, pues un plan de reparaciones no resuelve los problemas estructurales de un país; segundo, si se embarca en eso, ese programa de reparaciones se convertiría en un plan nacional de desarrollo con un montón de recursos, difícilmente viable. Por lo tanto, si queremos que el programa de reparaciones cumpla su objetivo de reparar daño, debe tener su especificidad y no perseguir otros objetivos.

¿Cuál es su impresión de la disposición de las autoridades peruanas para implementar un Plan Nacional de Reparaciones?

Pablo de Greiff: Mi impresión personal es que la actitud general es excelente; hay muchísima disposición de enfrascarse en intentos serios de encontrar respuestas sensatas a estos problemas.

Alexander Segovia: Yo me llevo una impresión positiva en el sentido de que hay disposición, pero ella no basta. Y ahí tengo un elemento de preocupación. Hay un elemento que va un poco desfasado; es el tema de la dimensión política. Creo que en un futuro muy próximo un reto vital es comenzar a trabajar en una estrategia política para asegurar la viabilidad política del plan de reparaciones.

Lisa Magarrel: Creo que algunas de las personas con quienes hemos conversado demuestran que se están haciendo las preguntas que se tienen que hacer; hay interrogantes muy difíciles para encontrar soluciones e imaginar cómo se deben resolver, pero creo que al menos parece haber una disposición de no buscar la solución fácil y de tratar de enfrentar las complejidades que presenta este tema.

 

 

Planes de Reparación:
Un panorama internacional

 

Chile     1973-1990        

Se da Ley de Reparaciones a víctimas y se funda la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación. Se asigna una pensión mensual solo a los familiares de personas asesinadas o desaparecidas, además del pago único correspondiente a doce mensualidades. También tienen derecho a recibir asistencia médica y becas de estudios. Se construyó el memorial del detenido desaparecido y del ejecutado político como reparación simbólica.

 

Se establece como reparación económica pagos equivalentes a una jubilación mínima, pagos por plazos y pagos en bonos del Estado. Se reconoce jurídicamente a los desaparecidos mediante la ley "Ausencia por Desaparición Forzada”. Se construyó el Parque de la Memoria como recordatorio de las víctimas.

 

El Salvador       1980-1991

Las recomendaciones de la Comisión de la Verdad fueron truncadas en el marco de la Ley General de Amnistía. La efectividad del Fondo de Protección para lisiados de la guerra, que se creó como medio de reparación, se limitó a menos del 50 por ciento de los afectados. Inclusive hubo una propuesta de fondo que comprometía el 1 por ciento de la cooperación internacional, pero no se concretó.

 

Guatemala        1962-1994

Comisión de Esclarecimiento Histórico recomendó un impuesto, progresos y ahorros en gastos militares para asegurar los fondos para la ejecución del Programa Nacional de Reparaciones. El gobierno rechaza hasta ahora la implementación del plan.

 

Sudáfrica          1960-1994        

La Comisión estableció un pago de 4000 dólares anuales durante seis años a cada una de las víctimas. También propuso reparaciones de emergencia, comunitarias y simbólicas. El gobierno del ANC asumió la reparación como obligación, pero anunció que solo podría reparar a cada víctima por 500 dólares. El primer desembolso fue de 5 millones de dólares provenientes, entre otros, de la cooperación internacional. Se han otorgado recientes amnistías a violadores de derechos humanos.

 

Filipinas           

No se creó Comisión de la Verdad. Un grupo de víctimas ganó juicio civil contra Ferdinand Marcos y un tribunal de Hawai les adjudicó mil millones de dólares pagables de fondos depositados en cuentas suizas. En este momento dicho monto está en disputa, ya que el gobierno quiere emplearlo en la implementación de la reforma agraria.

 

Alemania         

No se creó Comisión de la Verdad. Familiares y herederos emprendieron juicios civiles contra empresas industriales alemanas. Las empresas formaron un fondo de indemnización para pagar a personas que fueron obligadas a trabajar en dichas empresas durante el régimen nazi. Después de la Segunda Guerra, el gobierno alemán desembolsó más de 60 mil millones de dólares en los últimos cincuenta años a favor de víctimas del régimen nazi.

 

Suiza

No se creó Comisión de la Verdad. Familiares y herederos emprendieron juicios civiles contra bancos suizos. Los bancos tuvieron que pagar más de mil millones de dólares a familiares y víctimas de judíos que habían depositado dinero en estos bancos antes de la guerra. (H.W.)