Globalización, bancos y derechos humanos
Empresas y
bancos se transnacionalizan, pero la justicia también. Por primera vez víctimas
de violaciones de derechos humanos demandan reparaciones a bancos y empresas
extranjeros.
Aprovechando
la oportunidad del tema, luego viene una entrevista con Óscar Ugarteche sobre
"delitos económicos" en el caso peruano.
El 15 de junio, el
abogado estadounidense Ed Fagan y la ciudadana sudafricana Dorothy Molefi
presentaron públicamente en Zurich (Suiza) una demanda que habían enfilado el
mismo día en Nueva York. La señora Molefi había perdido a su hijo en 1976,
cuando este fue asesinado durante una protesta en contra del régimen del apartheid.
Veintiséis años después del asesinato, 800 víctimas de violaciones de derechos
humanos del régimen del apartheid en África del Sur (1948-1992) demandan
a dos grandes bancos suizos por una reparación de 80 000 millones de dólares.
Unos días antes su abogado, Ed Fagan, había presentado una demanda similar
contra el grupo banquero estadounidense Citicorp. Unos días después lo iba a
hacer contra tres grandes bancos alemanes y la IBM.
Negocios
peligrosos
Todos estos bancos y empresas tienen algo
en común: mantuvieron relaciones de negocio con el régimen del apartheid
en Sudáfrica, a pesar del embargo pronunciado por Naciones Unidas. Mientras que
el régimen de la minoría blanca oprimía a la mayoría negra del país, estas
empresas hicieron buenos negocios con el régimen. En concreto, Fagan acusa a
los bancos de haber prolongado el régimen injusto. Si los bancos no hubieran
apoyado la renegociación de la deuda externa sudafricana en 1985, el régimen
opresor habría colapsado mucho antes. Es decir que, con sus prácticas de
negocios, los bancos y empresas habrían prolongado el sufrimiento y la
situación injusta de la mayoría negra.
Los bancos niegan cualquier complicidad. Al
contrario, aducen que hasta trataron a su gente mejor de lo que la ley de
entonces les exigía. Solo cumplieron la ley a cabalidad. Aunque fueron unas
leyes que despertaban el rechazo mundial.
"Si alguien
quiere comprar un arma declarando que la usará para matar a otra persona, el
vendedor no puede afirmar que él no tenga culpa cuando se produce un
asesinato." Para el juez sudafricano Dumisa Buhle Ntsetzeze, miembro de la
Comisión de la Verdad, la cosa está clara. Las empresas tienen que asumir su
parte de la responsabilidad. Así concluiría el trabajo de la Comisión de la
Verdad, dice él.
Existe un
precedente famoso de la corresponsabilidad de empresas y bancos: el tribunal de
Nüremberg después de la Segunda Guerra Mundial, donde los criminales de guerra
alemanes fueron condenados por crímenes contra la humanidad. "En Nüremberg
las instituciones financieras y empresas fueron advertidas de que si vendían
armas y equipamientos con los cuales se cometieran crímenes contra la
humanidad, entonces contraen una corresponsabilidad", señala Ed Fagan.
Recolectando
víctimas
Ed Fagan, quien representa a las 800
víctimas y quien por medio de anuncios periodísticos busca más víctimas que se
adhieran a la demanda, es una persona bien conocida aunque también cuestionada
en los ámbitos de los juicios de indemnización. "Recolector de
víctimas" lo llaman algunos, porque cada vez que ocurre un accidente
masivo o un delito causado por empresas y bancos, Ed Fagan está allí para
reunir a las víctimas y convencerlas de enfilar una demanda colectiva, siempre
acompañado por los reflectores de cámaras de los medios de comunicación. Hace
unos seis años ganó un juicio importante contra los bancos suizos. En
representación de los herederos de judíos que ante la persecución de los nazis
habían depositado sus fortunas en bancos suizos, Fagan logró que la banca suiza
les pague la suma de 1250 millones de dólares. Las víctimas judías tenían el
respaldo del gobierno norteamericano, y la banca suiza estaba entonces bajo
gran presión internacional. Esta vez la perspectiva de que la demanda tenga
éxito no es tan alentadora. Las víctimas del apartheid no pueden contar
con un lobby fuerte en los países donde radican los bancos, y la
relación causal entre culpable y víctima no es tan evidente como lo fue en el
caso de las víctimas del Holocausto. Pero sobre todo, no pueden contar con el
respaldo de su propio gobierno.
Alianza
blanco-negra
El aliado más
importante de los bancos suizos para rechazar la demanda de las víctimas es el
gobierno actual de África del Sur. El presidente Mbeki se encuentra ante el
dilema de todo líder de un país pobre y dependiente de inversiones extranjeras:
sopesar el costo y el posible beneficio económico. El gobierno de Sudáfrica
teme que demandando a los bancos y empresas podrían espantar a inversionistas y
a la cooperación internacional. Por eso el gobierno no se pronuncia a favor de
la demanda de Fagan, ni, menos, lanza una demanda propia en contra de los
bancos.
Aparte de sus
penurias económicas, el gobierno sudafricano tiene que afrontar las demandas de
las víctimas. La Comisión de la Verdad había recomendado, entre otras cosas,
pagar una suma de unos 11 000 soles a cada una de las 21 000 víctimas
identificadas por la Comisión. El Estado sudafricano, responsable de
implementar las recomendaciones, hasta ahora no ha cumplido. Muchas víctimas
que habían dado su testimonio ante la Comisión de la Verdad están decepcionadas
y ponen su esperanza en Fagan. Una esperanza que arriesga ser defraudada otra
vez, ya que, por las razones mencionadas, el éxito de la demanda es más que
cuestionable y el juicio puede demorar años.
En medio de todos
los factores desconocidos, la demanda de las víctimas contra los bancos ha
puesto el dedo sobre aquellos actores que suelen gozar de impunidad en casos de
violaciones de derechos humanos: los actores de la economía y de las finanzas
internacionales. En caso de que la demanda de Fagan prospere, se abrirá una nueva
dimensión para las responsabilidades internacionales por los derechos humanos.
El caso de Sudáfrica y la demanda
civil de las víctimas podría dejar como lección la urgencia de que en el Perú
se tomen medidas y precauciones para que el Estado tenga los medios para
implementar las recomendaciones en torno de la política de reparación. El
dinero de la repatriación presenta esa oportunidad de que las víctimas no se
queden con las manos vacías. (Hildegard Willer)