Bolivia:
Impactos y consecuencias de las
recientes elecciones
Convulsionada situación regional de la que no escapa
Bolivia. Una serie de procesos y perspectivas se han expresado en las últimas elecciones.
Ricardo Soberón nos plantea su lectura, como siempre audaz.
Bolivia es parte de la turbulencia regional. ¿Qué procesos y
perspectivas expresan los resultados de las elecciones? Presentamos el punto de
vista de –audaz como siempre– Ricardo Soberón, experto en temas
internacionales, especialmente vinculados a narcotráfico.
Ricardo Soberón G.
En
abril de 1995 nos encontrábamos injustamente detenidos once peruanos, tres
ciudadanos colombianos y aproximadamente veinte dirigentes cocaleros bolivianos.
El entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, había decretado
el estado de sitio en circunstancias en que venía ejecutando sus políticas de
reforma del Estado, liberalización y ajuste estructural que afectaban
principalmente a los sectores más pobres del país1.
Esa gélida noche
del altiplano, dirigentes y asesores nos encontrábamos detenidos en la Base
Naval boliviana de Copacabana, a orillas del lago Titicaca. Las deliberaciones
de Evo Morales con el resto de dirigentes del Consejo Andino de Productores de
Hoja de Coca no imaginaban los alcances de lo que –en ese entonces– planteaba
Evo como el "brazo político" de los campesinos. Siete años después
esa propuesta se convierte en el Movimiento hacia el Socialismo (MAS), segunda
fuerza política en Bolivia.
El nuevo panorama
político, posterior a las elecciones del 30 de junio último, y la posterior
elección del Presidente por el Congreso, tiene diversos y profundos impactos
sobre el país, sobre la región andina en general, que van más allá de la propia
justa electoral.
Fracaso
tras fracaso
Primero, se
constata el fracaso político de las estrategias antidrogas ejecutadas por
Estados Unidos en Bolivia desde 1986, fecha en la que se realiza la operación
policial militar de Blast Furnace. Luego vendría la aplicación de la draconiana
e injusta Ley 1008 ejemplificada en los jueces y procesos especiales, la
extradición de bolivianos, la erradicación forzosa de cocales. Asimismo, la
firma del Anexo III durante el mandato de Jaime Paz Zamora (MIR) sin autorización
del Congreso boliviano, la posterior militarización del Trópico de Cochabamba y
el fracaso del desarrollo alternativo en el Chapare... hasta el actual Plan
Dignidad (1998), considerado la estrategia más dura de enfrentamiento entre las
fuerzas de seguridad del Estado boliviano y el campesinado boliviano. En las
actuales condiciones, la propuesta de la Embajada de Estados Unidos en La Paz
de reconstruir una base policial militar en el Chapare no es más que echarle
gasolina a la fogata social que se vive en el país. Para el narcotráfico
internacional, Bolivia ha dejado de ser solamente un espacio de provisión de
materia prima (coca). Además de la coca, en determinados valles andinos se
produce marihuana en cantidades crecientes para el mercado externo. Brasil,
Chile y el Río de la Plata son los destinos iniciales de la producción
boliviana.
Los sucesivos
presidentes democráticos de Bolivia, Jaime Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de
Lozada, Hugo Banzer y ahora Jorge Quiroga han sido testigos del fracaso mundial
y nacional de la cruzada contra las drogas y su reflejo en el país. El
interlocutor de siempre de los cocaleros con esos gobiernos fue Evo Morales,
convertido ahora en su principal abanderado, dentro y fuera del Congreso.
Curiosamente, a comienzos de este año fue injustamente expulsado del Parlamento
gracias a las componendas entre partidos oficialistas representados en el
hemiciclo, para iniciar su candidatura y su posterior retorno como principal
contendiente para acceder a la primera magistratura. Los resultados recientes
demuestran que al menos el pueblo de Bolivia le da su apoyo a sus productores
campesinos e indígenas y no a la Embajada de Estados Unidos.
Alternativas
en los Andes amazónicos
Desde el punto de
vista regional andino, la situación se le pone muy complicada y volátil al
Departamento de Estado norteamericano. Bolivia no es más que la (¿última?) gota
que rebalsa el vaso de agua entre los sucesivos errores cometidos desde
Washington.
La situación de
la región demuestra un enorme descuido y cierta torpeza en relación con su
política regional, al menos durante la administración de míster Bush. La
ausencia prolongada de representaciones diplomáticas (Ecuador) ha enfriado las
relaciones bilaterales; el dudoso papel jugado en los sucesos del 11 de abril
(Venezuela) ha dejado mal parado al Departamento de Estado; está asimismo la
reciente intervención (intromisión) del embajador Rocha en La Paz antes de las
elecciones, llamando a no votar por Morales "por sus conexiones con el
narcotráfico y el terrorismo". Finalmente, tenemos los escasos resultados
del Plan Colombia tras dos años de ejecución y el gasto de 1300 millones de
dólares. También tenemos diversos recortes a los montos ofrecidos inicialmente
por cooperación sea en drogas o en iniciativas regionales, y las demoras en la
aprobación del ATPA por el Congreso norteamericano afectan las economías
andinas.
Todos son
ejemplos de una burda política del señor Bush, quien pretende involucrar a la
región en su cruzada contra el terror. Esta situación va acompañada
regularmente por persistentes críticas a cada país en materias como derechos
humanos, lucha contra las drogas, el terrorismo o el secuestro (véanse
recientes informes en cada materia evacuados por el Departamento de Estado).
Las posibilidades
de salidas democráticas alternativas a los modelos existentes, distintas en su
enfoque y progresistas en sus apuestas, son posibilidades razonables que se
definirán este año: la continuidad del movimiento bolivariano y del propio
presidente Hugo Chávez en Venezuela, el posible triunfo de Lula en Brasil, la
consolidación de Morales en Bolivia (aunque no gane), quedando por ver los
resultados en la próxima elección en el Ecuador. Frente a la crisis del
Mercosur y de la propia Argentina, esta es una nueva ventana de oportunidades
para América del Sur, para que se configure un nuevo eje de relaciones
hemisféricas con Estados Unidos y Europa.
Campesinos e
indígenas en el Congreso
En el plano
doméstico, más allá de su triunfo político (segundo puesto) y de la irrupción
formal de los campesinos en el plano político nacional, constituye una señal
alentadora de democratización y de capacidad de participación política. Se
explica también por el fracaso del sistema de partidos políticos tradicionales
expresado en el gobernante ADN (perdedor político), el populista NFR de Manfred
Reyes (pérdida de la opción más conservadora) y UCS y, en menor medida, el MNR
del propio "Goni", quien tendrá seguramente la opción de acceder por
segunda vez al gobierno, pero con una debilidad intrínseca en el Congreso y en
las calles.
En
el pasado reciente, el cogobierno o las grandes coaliciones políticas han sido
en Bolivia la modalidad tradicional para decidir el gobierno. Se puede incluso
intuir que la propia gobernabilidad del país estará definida por la capacidad
de concertar políticas menos represivas con los sectores rurales y campesinos.
En
cuanto a los productores campesinos, el movimiento indígena y el movimiento
cocalero en Bolivia, han demostrado en los últimos años la capacidad de
circular entre la protesta y la propuesta. Todavía les queda por resolver una
serie de diferencias programáticas y de enfoque, para consolidar el denominado
"instrumento político". A ello tenemos que agregar su capacidad para
pasar de un eje temático principal, la hoja de coca y su defensa, a una agenda
más amplia que incorpora al movimiento indígena nacional: Asamblea
Constituyente, uso, gestión y beneficio de los recursos naturales renovables
como el agua o el gas, los derechos de los pueblos originarios, entre
otros.
En
este sentido, la presencia de veintisiete nuevos representantes y ocho
senadores del MAS va a poner nuevos temas en la agenda. De los 157
parlamentarios elegidos, cuarenta son de movimientos sociales campesinos
(incluidos los del movimiento Pachakuti). Además, pondrán en jaque las
iniciativas económicas o de otras materias en política exterior, como resultado
de la visión propia de los campesinos. Por ejemplo, el tema de la tierra y uso
y beneficio de la explotación de los recursos naturales, el reconocimiento e
implementación de derechos a los pueblos originarios de Bolivia. Sin duda, el
conjunto de la cooperación antinarcóticos con los Estados Unidos sufre un serio
traspié.
Un
efecto inmediato es que se ponen en entredicho dos supuestos objetivos
(intereses) de Estados Unidos en el hemisferio occidental: la promoción de la
democracia versus la lucha antidrogas. El advenimiento de Morales como
principal interlocutor político será un difícil obstáculo para Washington en
sus deseos de darle continuidad a sus políticas en materia de reforma del
Estado, lucha antidrogas, comercio y privatización. Un segundo efecto es que se
produce la completa reestructuración del escenario político doméstico.
Oppenheimer la calificaba como el fin de una época de segregación y apartheid
político en contra de su población indígena. Está por verse si se trata tan
solo de una manifestación electoral, o si se puede convertir en un verdadero
proyecto político que se le pueda ofrecer a la sociedad boliviana. De no
acceder a la presidencia tendrán los próximos cinco años para madurar su
proyecto y participar de la gestión del Estado. Así, cualquier plan que
proponga insistir en elementos de reforma, capitalización, recorte de derechos,
corre el riesgo de atorarse en las calles o en el nuevo Congreso.
En definitiva, Bolivia se convierte en otro de los países de
América del Sur cuyas sociedades acusan y condenan políticamente las opciones
que plantean más pobreza y marginación. Las opciones de Sánchez de Lozada y Morales
representan dos mundos cultural e ideológicamente contrapuestos. Ambos seguirán
confrontándose en los próximos cinco años. El próximo gobernante de Bolivia
tiene ya en la agenda inmediata la adopción de decisiones en materia de dos
recursos naturales: uno legal, el gas, y el otro ilegal, la coca. En ambos
casos Estados Unidos funge de mercado potencial de consumo.
Ricardo Soberón Garrido es analista internacional
(este artículo se terminó de escribir el 25 de julio, once días antes de la
elección).
1 Según el
Índice de Desarrollo Humano del PNUD, seis de cada diez bolivianos viven debajo
de la línea de pobreza, proporción que llega a nueve en el campo.