La consolidación de la paz debe ser un tema prioritario
Wílmer Arasamendi
Lo sucedido en Techint es un acto focalizado y que no significa el fortalecimiento de Sendero Luminoso. Somos conscientes de que en el gobierno de Fujimori y Montesinos se engañó a la población, como lo somos también de que aún existen rezagos en zonas remotas e inaccesibles como el lugar donde se produjo el secuestro.
Lo que ha sucedido nos demuestra que SL tiene capacidad operativa para realizar actos terroristas de tiempo en tiempo, buscando un impacto político.
Es obligación del Estado terminar con este problema de una vez por todas, para no estar en zozobra cada cierto tiempo. Hay que reafirmar la consolidación de la paz. No hay que caer en falsos triunfalismos ni alarmar al país, pero es indispensable resolver el problema.
Nos reafirmamos en que todas las fuerzas vivas y sectores políticos, del gobierno y de la oposición, deben coincidir en la necesidad de concertar en el tema de la paz, que por cierto está en el Acuerdo Nacional.
Es primordial acercar el Estado de forma real a los lugares más alejados, pobres y desprotegidos; y eso significa institucionalidad. Hay que consolidar la paz de manera efectiva llevando desarrollo a determinados pueblos. Hay que romper con el abismo entre el Estado y la gente a través del diálogo y la concertación.
Tenemos conciencia de que son varios los problemas que nos aquejan como país: el presupuesto, el acuerdo nacional, la regionalización, seguridad ciudadana; pero el asunto de la consolidación de la paz debe ser prioritario. Este tema no solo debe involucrar a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional, sino también a los gobiernos nacional y regional, a los gobiernos locales y a la sociedad en su conjunto.
Wílmer Arasamendi es comisionado para la paz en Ayacucho.
¿Hay estrategia contra SL?
Hay que indignarse por el secuestro de los trabajadores de la empresa Techint
y celebrar el buen final. Pero ojalá que el hecho nos sirva también para darnos
cuenta de una carencia peligrosa: no tenemos una estrategia que nos asegure
que en un plazo razonable terminaremos definitivamente con el problema
Sendero. Lo que es peor: estamos desperdiciando oportunidades inmejorables.
S
endero está estratégicamente derrotado y es muy difícil —si no imposible— que pueda volver a ser la amenaza que fue. Una serie de hechos lo demuestran y hacen de esta una situación casi irreversible: sus cuadros históricos o importantes están muertos o presos; el reducido número de atentados perpetrados en los últimos años, más que reciclaje o novedoso pudor, expresa debilidad y desarticulación; difícil que el "presidente Gonzalo", en su estado, genere simpatías en la juventud y menos aún fundamentalismo, y así mucho más.Pero pese a todo, Sendero mantiene presencia y capacidad de
acción. Una situación que, por más que afecta fundamentalmente a zonas
alejadas y de difícil acceso, no conviene mantener indefinidamente, esperando
que se pasme sola por dos razones fáciles de percibir: 1) cada cierto tiempo se
materializa en asesinatos, incursiones y hasta en coches-bomba; y,
2) se trata de zonas en las que Sendero convive con el narcotráfico, la pobreza
extrema, la delincuencia común, la ausencia del Estado, abusos y hasta puede
ser que con las FARC, elementos cuya combinación puede dar origen a fórmulas
explosivas.
En un país como el Perú, mientras menos fuentes de violencia tengamos, mejor, porque ya sabemos que cualquier cosa, por más perversa, inviable y alucinante que sea, puede prosperar. Nos lo demostró SL y después Fujimori-Montesinos.
Lo que ocurre es que cada vez que hay un atentado que nos recuerda que Sendero todavía existe, viene el "no debemos bajar la guardia", y a partir de ahí salen los de siempre a pedir que entren los militares a arrasar. Método que, bien lo sabemos, conduce a masivas violaciones de derechos humanos, lo que nos obligaría a una Comisión de la Verdad número 2, y que además ha demostrado ser no solo ineficaz sino contraproducente.
Ahora que está de moda, recurramos a la memoria histórica: si un grupúsculo como Sendero casi gana la guerra no fue por la lucidez de Guzmán o la modernidad de sus diagnósticos y sus armas, sino fundamentalmente por nuestros errores en términos de estrategia antisubversiva, y porque tardamos en darnos cuenta de que los conflictos sociales pueden ser manipulados o azuzados por cualquiera, sin importar si es o no un partido político con registro formal e ideología democrática.
Por eso nuestro planteamiento va por un lado completamente distinto: estamos desperdiciando una serie de condiciones a partir de las que se podría intentar que Sendero Luminoso se convenza de que ya es tiempo de dejar las armas y abandonar la guerra, que le conviene y tiene la posibilidad de dejar de seguir deambulando paupérrimamente por la selva, tratando de sobrevivir por sobrevivir.
¿Cuáles son estas condiciones? Que están en un momento de total debilidad política y militar. Que la mayoría de los que integran las columnas que se desplazan fundamentalmente por la selva están cansados, desnutridos, desalentados y sin recursos. Que sus principales líderes están en una actitud de autocrítica y de llamar a la paz; incluso, parte de los que están afuera ya no plantean continuar sino una solución política. Que existe una Comisión de la Verdad que puede ayudar. Todo esto junto a posibilidades muy concretas de hacer alianzas con la población local, tratándose de un gobierno en principio democrático y legítimo.
Tratar de aprovechar este tipo de condiciones a cambio de ofrecimientos mínimos y legales (respetar vida e integridad física, condiciones carcelarias, juicios justos) no significa para nada disminuir la posibilidad de una eficaz represión policial y militar; es más: se requiere tenerla (y no como ahora), pero en el marco de una estrategia más amplia e integral.
Sabemos perfectamente que la búsqueda de una solución definitiva que aproveche este tipo de oportunidades generará una grita histérica en algunos, pero ya es hora de que la prioridad pase a ser cómo evitar que el terrorismo siga produciendo víctimas. (EJB)