LOS INOCENTES TIENEN NOMBRE

Hoy son muchos en el país los que reconocen que el problema de los inocentes presos por error es real, y el trabajo por ellos, por su libertad, ha dejado de ser causa exclusiva de los organismos de derechos humanos.

La Iglesia Católica y la Iglesia Evangélica vienen expresando permanentemente su preocupación por este drama humano, y a través de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) y del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) han asumido, respectivamente, la defensa directa de un número importante de personas en esta situación.

Abogados independientes se han identificado con el problema, y están asumiendo la defensa de casos específicos. Los medios de comunicación han ido haciendo suya la causa: la televisión, la radio, los diarios y revistas vienen informando de los errores de la administración de justicia en materia de terrorismo. Incluso las más autoridades han reconocido ya el problema.

Las preguntas han pasado a ser cuántos casos de inocentes presos por error hay ya identificados y cuántos más podría haber, tomando en cuenta que la mayoría de personas afectadas pertenece a los sectores del país que, por su marginación económica y geográfica, pueden no estar en capacidad de acceder por sí mismos al ámbito de protección de los organismos de derechos humanos, de las iglesias o de los medios de comunicación.

Con esta publicación pretendemos también que el problema de los inocentes presos tenga rostro humano, que la opinión pública y las autoridades se percaten de que tras una discusión, muchas veces planteada solo en términos jurídicos o políticos, hay personas de carne y hueso, con nombres y apellidos, con historias personales, con padres, hermanos, hijos y amigos que viven una pesadilla y que tienen la esperanza de recuperar su libertad.