En alerta: denuncias por delitos informáticos crecen cada semestre

En alerta: denuncias por delitos informáticos crecen cada semestre

Aldo Pecho Gonzáles/ IDL-Seguridad Ciudadana

Hace poco más de un mes, Ximena quiso comprar un iPhone y buscó la oferta adecuada por varias páginas web. En una cuenta de Facebook que parecía oficial, encontró uno a precio de oferta: casi a la mitad de costo del mercado. Afirmaban que era un cyberday, y que eran los últimos productos de almacén. Para asegurarse, se contactó con un asesor comercial de la supuesta empresa. Confiada, hizo el depósito y esperó a que llegara su producto. Le dijeron que demoraría entre 7 a 9 días, porque tenían mucha demanda. Su iPhone nunca llegó. Ximena había depositado casi dos mil soles. Del asesor comercial no tuvo ni rastros, desapareció por completo.

Desde la pandemia de COVID-19, los delitos patrimoniales más comunes como robo y hurto han tenido un bajón considerable, y aún se encuentran por debajo de sus niveles prepandemia. Esto debido a diversos factores, como la inmovilidad social, los toques de queda y los constantes controles de seguridad pública por parte de la Policía, entre otras razones. Mientras esto ocurría en la calle, el crimen ha sabido reacomodarse y se ha trasladado a otros lugares: el ciberespacio es uno de ellos. No es para nada extraño que hayamos escuchado de estafas virtuales, suplantaciones de identidad, clonación de tarjetas, robos de datos, entre otros. Y que incluso podamos haber sido posibles víctimas de algunos de estos delitos informáticos.

¿Cómo han ido evolucionando los delitos informáticos por estos tiempos?

Para empezar, volvamos al caso de delitos clásicos como el robo. A pesar de que muchos medios de comunicación manejan discursos alarmistas irresponsables, como “olas de crimen azotan al país” o “la delincuencia está imparable”, esto no ha sido realmente así. Por ejemplo, un delito muy común como el robo se ha visto afectado por la crisis sanitaria de manera considerable. Así, si comparamos denuncias por robos hechas en la Policía entre el 2019 (año de prepandemia) y el 2020 (año de pandemia), la disminución fue fuerte: -44.4 %. Conforme ha ido avanzando la pandemia, y las restricciones para la circulación se han vuelto menos estrictas, es verdad que muchos delitos han recuperado terreno. Sin embargo, aún siguen por debajo de los niveles prepandemia. Nuevamente es el caso del robo. Si comparamos las denuncias hechas entre el primer semestre del 2020 y el segundo semestre de este 2021, el aumento solo ha sido de +7.8 %. Y obviamente ambos muy por debajo del 2019, en tiempos de “normalidad”.

Pero no es el caso de los delitos informáticos. A diferencia de otros delitos, su evolución en los últimos tiempos ha sido “atípica” y peligrosamente creciente. En realidad, era más bien esperable que una parte de la criminalidad se traslade (o refuerce) su accionar en el ciberespacio. En tiempos de creciente virtualidad, y con un aumento del comercio electrónico (e-commerce), los delitos se han trasladado a este terreno. En el siguiente gráfico, se puede observar su evolución desde el 2019 hasta mediados de este año:

Como se observa en el gráfico, este primer semestre del 2021 ha sido el período con mayor cantidad de denuncias

¿Y qué tipos de delitos informáticos son los más denunciados?

El delito más común es el fraude informático. Esto implica ventas fraudulentas, compras por internet no autorizadas, transferencias y/o retiro de dinero no autorizados y clonación de tarjetas. Otro tipo de delito denunciado es la suplantación de identidad, con la cual se busca perjudicar a una persona y/o engañar a una víctima. Y, en menor medida, también existen denuncias contra vulneración de datos y sistemas informáticos, abuso de mecanismos y dispositivos informáticos, violación a la intimidad y secreto de las comunicaciones, y otros delitos cometidos mediante el uso de las tecnologías de la información (TIC).

¿Qué modalidades son las más frecuentes utilizadas por los delincuentes?

La modalidad más conocida, y por cierto difundida en estos últimos meses, es el phishing. Esta consiste en diseñar una plataforma engañosa (como una página web pirata), que simula ser formal, y en la cual las víctimas colocan información personal y los datos de su tarjeta de crédito o débito. Con esto los ciberdelincuentes pueden retirar fondos no autorizados, hacer transferencias o compras virtuales sin permisos. En muchas ocasiones, se engaña a las víctimas con links de páginas que parecen verdaderamente oficiales. Por ejemplo, se suele modificar la “I” (“i” en mayúscula) por la “|” (que es una barra para marcar espacios), o añadir algún signo adicional a las páginas web que pasa desapercibido.

Otra modalidad es el vishing. El ciberdelincuente obtiene información confidencial de su víctima por medio de un correo electrónico (en caso de abrir links sospechosos) o por plataformas de phishing. Sin embargo, para poder robar la información necesita del número de clave SMS o el token digital. Para ello, llama a la víctima haciéndose pasar por un empleado de una entidad bancaria, pidiendo que revele información o haciendo activar su transacción electrónica. En los últimos meses, muchos usuarios bancarios han sido contactados por correos electrónicos fraudulentos y hasta mensajes por WhatsApp de supuestos empleados (a esta modalidad se le conoce como smishing). Se les comunica que tienen problemas con sus cuentas, se les proporciona un link con plataforma falsa o se les pide que revelen sus datos para robarles su información.

Habíamos mencionado también al inicio de este artículo el caso de una venta fraudulenta. Estos casos son sencillos y consisten en que el ciberdelincuente simula tener una empresa que oferta productos a bajos costos (generalmente celulares, computadores, televisores u otros productos electrónicos). Se le garantiza mínimamente el producto a la víctima, quien realiza la transferencia y no recibe a cambio el producto. El intermediario o asesor comercial desaparece totalmente, sin dejar rastro. De igual manera ocurre con los premios fraudulentos. Muchos recordarán cómo se difundían mensajes de texto (SMS) sobre premios ganados durante el inicio de la pandemia (era el caso de la televisora ATV, suplantada para estos fines). La víctima se contacta con el ciberdelincuente para reclamar su premio. Este se lo asegura, pero antes debe realizar una transferencia mínima o llenar sus datos con cuentas bancarias para recibirlo. Así se obtienen los recursos de la víctima y también el intermediario desaparece sin dejar rastro.

Uno de los mayores problemas que tiene la ciudadanía en los casos de delitos informáticos es que no realiza denuncias en la Policía. Sea por vergüenza, miedo a represalias o porque consideran que no podrán encontrar a los ciberdelincuentes, no dan aviso a la autoridad. Tampoco quienes han podido ser víctimas de estos delitos lo hacen. Esta es una dificultad para poder no solo resolver sus casos, sino también evitar nuevas víctimas. La Policía tiene una división especializada para este tipo de delitos: la División de Investigación de Delitos de Alta Tecnología (DIVINDAT). Quienes han sido víctimas de un delito informático, pueden comunicarse gratuitamente al 1818 o al teléfono 431-8898. También puede acudir directamente a la oficina de la DIVINDAT, en la avenida España 323 (Lima), o ir directamente al Ministerio Público.

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