Guardia Indígena Shipibo Konibo fortalece su autodefensa territorial: una escuela itinerante en Flor de Ucayali frente a la violencia y el abandono estatal
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Del 27 de junio al 2 de julio de 2025, la comunidad nativa Flor de Ucayali, ubicada a orillas del río Utiquinía (distrito de Callería, región Ucayali), fue sede de una nueva edición de la Escuela Itinerante organizada por la Organización Regional Guardia Indígena (ORGI) y el Consejo Shipibo Konibo Xetebo (COSHICOX). Esta iniciativa busca fortalecer las capacidades técnicas, políticas y espirituales de los pueblos indígenas en la defensa de sus territorios de vida y el ejercicio del autogobierno.
Flor de Ucayali fue elegida como sede en respuesta a la alarmante situación que enfrenta. Pese a contar con título de propiedad comunal desde hace más de 30 años, su territorio ha sido invadido por taladores ilegales y grupos vinculados al narcotráfico, con más de tres mil hectáreas afectadas. En abril de este año, el comunero José Hugo Briones Taricuarima fue atacado por un desconocido que le disparó tres veces. El hecho, presumiblemente vinculado a su labor como defensor del territorio, ocurrió a pesar de que la comunidad cuenta con medidas de protección del Mecanismo Intersectorial para la protección de personas defensoras de derechos humanos. Briones sobrevivió, pero la situación en la comunidad sigue siendo crítica.
La Escuela contó con la participación de autoridades de la Federación de Comunidades Nativas del Ucayali y Afluentes (FECONAU), la comandancia de la Seguridad Indígena Amazónica (SIA) de la Central de Comunidades Nativas de la Selva Central (CECONSEC), y los Comités de Autodefensa y Desarrollo (CAD) de la Central Asháninka del Río Tambo (CART). Estos espacios de articulación vienen reforzando la solidaridad entre los pueblos Shipibo Konibo y Asháninka desde hace más de tres años.
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En la escuela participaron autoridades de otros pueblos indígenas.
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Acompañaron la Escuela los equipos técnicos del Instituto de Defensa Legal (IDL), Forest Peoples Programme (FPP), The Shipibo Conibo Center, y la organización Misereor, en calidad de invitada.
Durante las jornadas de formación, se abordaron temas clave como el monitoreo territorial, el abordaje comunitario frente a las invasiones, el ejercicio de la justicia indígena, y el rol de niñas, niños y jóvenes en los procesos de defensa territorial. También se reflexionó sobre los perfiles y compromisos necesarios para integrar las guardias indígenas, la importancia de los saberes ancestrales y la espiritualidad, las tácticas propias de protección territorial, la relación con el Estado, y las urgencias logísticas de los colectivos de autodefensa.
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“Esta Escuela que inicia es sumamente importante en aspectos legales y de herramientas tecnológicas. Pero no se trata de juramentar por juramentar como guardia. Se trata de abrazar la necesidad de gestar y gestionar un sistema integral y ancestral comunitario de autodefensa. Pues aquí ya no nos enfrentamos a una amenaza. Balear a un comunero es ya una acción consumada”, expresó Lener Guimaraes, comunero de Flor de Ucayali.
“Estos temas quería escuchar. Venimos de acción tras acción con el Estado por años y ya estamos cansados. Son años en esto y sin resultados. Yo me preguntaba si traerán o no respuestas y este diálogo nos favorece. Con las experiencias que ustedes nos traen nos refrescan para ya de una vez avanzar”, comentó otro comunero durante la jornada.
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Durante las sesiones se reflexionó sobre los compromisos de la guardia indígena.
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La Escuela también incluyó sesiones sobre el proyecto político del pueblo Shipibo Konibo y su apuesta por el autogobierno; el funcionamiento del Estado peruano y su rol frente a los pueblos indígenas amazónicos; los caminos legales para el reconocimiento de las guardias indígenas; y las herramientas disponibles en el sistema de justicia estatal para proteger a las personas defensoras de derechos humanos.
El evento culminó con la juramentación de Flor de Ucayali como comunidad base de la ORGI, consolidando su rol en la red de defensa territorial indígena. La ceremonia cerró con una consigna que resonó en todas las lenguas: “No somos uno, no somos dos, ahora somos todos, en una sola voz”.
