“Hace treinta años que busco sus restos”, afirma la hija de Ángel Escobar

Su último informe registraba 30 desapariciones en tres meses. Era una información que quemaba y que el comando político militar de Huancavelica quería evitar que llegue a los organismos de derechos humanos y al Congreso en Lima. Ángel Escobar Jurado les era muy incómodo; la única manera de callarlo era desaparecerlo. Y eso hicieron un 27 de febrero de 1990. El registrador acabó siendo un nombre más en su propia lista de desaparecidos.

Belsa tenía 12 años y se encontraba con su madre en la estancia familiar. Eran las vacaciones del colegio. La noche anterior Ángel Jurado cruzaba el puente de la ciudad cuando fue secuestrado por cinco individuos que lo llevaron al cuartel del Ejército. El único testigo que lo vio, Rufino Castellano, no quiso declarar. Estaba aterrado.

La madre de Belsa, Felícita, está muy cansada. Han pasado treinta años. “Mi esposo no era cualquiera. Era presidente de la comunidad, regidor municipal, secretario de la oficina de derechos humanos”, afirma. No le desea a nadie lo que tuvo que pasar: “No sabía qué hacer. Nunca había tenido un trabajo y tenía que mantener a mis hijos. Fui donde la alcaldesa y ella me dijo que yo no era de su partido y que fuera a buscar trabajo a mi partido. Llorando me fui donde personas de izquierda que me consiguieron trabajo en Agricultura. Ahí estuve dos años. Después me avisaron que había un puesto en el mercado y ahí me quedé hasta ahora”.

Belsa relata: “Yo sentía culpa porque estuve en la estancia cuando él desapareció. No recuerdo qué hacíamos en ese momento, qué pensábamos. Llegamos al día siguiente y fuimos a su oficina. Estaba con candado. La familia se desintegró. Mi mamá salió a trabajar y yo me quedé con mi hermano. Durante años yo fui a los sitios de entierro a buscar sus restos. Miraba las fosas pensando que los huesos eran de mi papá, pero no eran. Denuncié fosas y más fosas. Se llevaban los huesos, hacían los estudios y me decían que no correspondían. Me he quedado noches enteras sin dormir esperando la respuesta que siempre ha sido negativa”.

Belsa sabe muy bien qué se siente cada vez que se saca una muestra de sangre. La penúltima vez fue para comprobar si unos restos encontrados en el cuartel Los Cabitos eran de su padre. El resultado fue que había pocos marcadores genéticos que coincideran con los suyos. Ha vivido esta experiencia por lo menos tres veces. Hace poco ha vuelto a repetirla: está esperando que le digan si unos restos encontrados en noviembre del año pasado son los de su padre. Según la Dirección de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia, la van a apoyar y acompañar en esta dolorosa espera. Ya van tres meses, pero al menos esta vez no está sola.

Sigfredo Florián, el abogado del IDL, que está llevando el caso de los familiares de Ángel Escobar, sostiene: “A fines de noviembre de 2001, el Ministerio Público abrió la instrucción preliminar que duró 13 años. El 2018 el fiscal Daniel Jara presentó la acusación contra el coronel Luis Paz Cárdenas, jefe político militar de Huancavelica en el año 1990. El Estado está considerado como tercero civilmente responsable. Está pendiente que la Corte superior de Justicia penal Especializada señale la fecha de audiencia de control de acusación”.

Nunca perdieron las esperanzas de obtener justicia. Tampoco de encontrar sus huesos. “Quisiera encontrar sus restos para poder enterrarlo”, reclama doña Felícita.

 

 

 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

shares