La forma más extrema de violencia contra la mujer

La forma más extrema de violencia contra la mujer

El feminicidio tiene algo estremecedor: por lo general, es perpretado por alguien que es o ha sido muy cercano a la víctima: su pareja o su expareja. Eso lo hace más perverso si es que eso es posible. Según las estadísticas, más del 64% de víctimas en el momento de la agresión mantenía una relación sentimental, afectiva o íntima con su agresor. Siniestro por donde se le mire. Estamos ante la manifestación más extrema del abuso y la violencia de hombres hacia mujeres.

Recordemos el caso de Eyvi Ágreda. En  2018, la joven de 22 años fue quemada viva en un autobús en Lima por un hombre que la acosaba y no aceptaba su rechazo. Eyvi estuvo internada por semanas en el hospital, pero finalmente murió por los efectos de las quemaduras.

Se define al feminicidio como el asesinato de una mujer por razones de género.   Sus causas tienen dos grandes explicaciones: La primera, se encuentra en los factores microsociales, es decir, en la historia personal de la víctima. La segunda en las relaciones de poder y dominación. Se produce como consecuencia de cualquier tipo de violencia de género, como pueden ser las agresiones físicas, la violación, la maternidad forzada o la mutilación genital.

Recordemos el caso de Ruth Thalía Sayas. En  2019, esta estudiante universitaria fue asesinada a tiros en su casa en Lima, por su exnovio que no aceptaba su ruptura. El asesinato fue presenciado por su hermana menor, que también fue atacada por el agresor.

En el primer cuadro podemos ver que desde el año 2009 a la fecha se han reportado 1903 casos de feminicidios en los Centros de Emergencia Mujer.

Como ya se ha señalado, la mayoría de los feminicidios son cometidos por una pareja actual o anterior de la víctima e incluyen maltrato repetido en el hogar, amenazas o intimidación o violencia sexual. Los entornos individuales y la vida familiar influyen de manera importante en el riesgo de feminicidio. También la relación entre edad y feminicidios es reveladora porque la mayor cantidad de víctimas son mujeres muy jóvenes entre los 18 y 25 años. La combinación de violencia psicológica y de violencia física eleva de manera importante este riesgo. Cuando el agresor actúa con premeditación aumenta el riesgo de feminicidio en casi 80 puntos.

Hay dos factores que se ha comprobado que reducen el riesgo de feminicidio: la existencia de una denuncia por parte de la víctima hacia el agresor y la existencia de un Centro de Emergencia Mujer en el distrito.  Según la Defensoría del Pueblo, “es probable que los servicios de orientación y consejería psicológica que se brindan en estas instituciones nivelen las asimetrías de información, incentiven a las mujeres a interponer denuncias y quizás hasta las empoderen al punto de reducir el riesgo de violencia”.

 Recordemos el  caso de Solsiret Rodríguez: en julio de 2016, esta abogada y defensora de los derechos humanos desapareció en Lima. Se encontraron restos de su cuerpo en una construcción abandonada varios meses después. Solsiret había denunciado a su pareja por violencia doméstica en varias ocasiones, pero las autoridades no tomaron medidas para protegerla.

¿Se puede hablar de un perfil de feminicida en el Perú? Eso no existe. Por lo general, se trata de hombres insertados laboralmente, sin antecedentes penales, con buenas relaciones laborales y amicales, y machista como la mayoría de peruanos. Solo que este agresor no solo actúa por celos y “pierde la cabeza”, sino que puede llegar al extremo de planificar el acto del feminicidio, lo que  sugiere que es capaz de tener mayor nivel de control sobre la violencia ejercida y una mayor intención de asesinar a una mujer.

Según un estudio del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, en un  76% de los casos, los agresores mencionan que su familia no intervenía en las peleas que tenía con la víctima, y en un 62% la familia de la víctima tampoco intervenía en las peleas que se producían entre la pareja. Es decir, que el entorno familiar más cercano no cumplió con el papel protector esperado, sino que más bien se abstuvo o permaneció al margen de los conflictos de la pareja.

Los motivos por los cuales la familia se abstiene de intervenir es porque todavía predominan ideas tradiccionales como que el esposo es el jefe del hogar y  se le debe obediencia, o que la mujer debe cumplir con su rol de madre, esposa o ama de casa y después realizarse profesionalmente. Esto supone que debe atender a su esposo o pareja y, si no lo hace, merece ser reprendida por él.

Recordemos el caso de María Isabel Huilca: en 2020, la enfermera que trabajaba en una clínica de Lima, fue asesinada por su esposo, al que había denunciado por violencia doméstica varias veces. El asesinato ocurrió frente a su hija de 3 años.

Según la Defensoría del Pueblo, de acuerdo a  los Registros de Feminicidio Nacionales, los homicidios de mujeres en el Perú que son perpetrados, en su mayoría por la pareja presente o pasada, corresponden al tipo de feminicidio íntimo. Es decir, se produjeron en un contexto de violencia de la pareja o ex pareja o de algún pariente cercano.

El segundo cuadro brinda la información actual de enero 2024. Empezamos mal el año.

Fotografía: ANDINA/Vidal Tarqui

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