La nueva movilidad humana: desafío y oportunidad

La nueva movilidad humana: desafío y oportunidad

Hans Behr Lescano

El ser humano se ha movilizado a través de la historia siempre, dejando percibir que es una característica que ha permitido que en el mundo se consoliden los Estados y se establezcan las sociedades, incidiendo además en su caracterización y las particularidades que su cultura obliga. La formación de grandes espacios de convivencia fueron inicialmente una regla bastante estudiada en el tiempo. Las movilidades sociales y las migraciones asociadas constituyen un fenómeno que permite reconocer que, en los desplazamientos de las personas de una ciudad o región a otra, el afán es buscar un mejor nivel de vida.

En el Perú, las migraciones internas han constituido una experiencia social que, siendo muy investigadas y analizadas, aún tienen por descubrir diversos elementos que transversalizan el sentido de lo que significa como realidad nacional. El hombre andino afrontó y superó muchos riesgos naturales durante el siglo pasado; lo masivo del traslado del campo a la ciudad, significó un reto para el Estado, trastocando el statu quo económico y social. Por ende, es una verdad que este desborde popular, que graficaba la movilidad masiva, dio mucho que aprender y motivó la construcción “de hecho” de un nuevo Perú, o sea, existe experiencia de movilidad humana, traslado y migración. Los encuentros culturales que se dieron, siendo tan diferentes y antagónicos por historia, se asumieron con la convivencia y el aprovechamiento del conocimiento, proponiendo un camino de desarrollo y crecimiento, en un momento muy popular, pero que, a la larga, fortaleció el concepto de la convivencia social y el Estado lo comenzó a asumir y sobrellevar. Ese sentido de acogida el Perú ya lo tiene.

En la actualidad, la configuración social de nuestro país cambia y somos testigos desde hace más de 5 años de una gran diáspora venezolana que llega a nuestro país, y que en plena construcción cultural y afianzamiento nacional teme perceptivamente que la sociedad ha entrado en crisis y que la economía va a sufrir. La sociedad peruana, joven aún, que recién va consolidando una idea nación, se ve invadida y los temores son generalidades que se grafican con la primera impresión: lo nuevo trastoca, invade, quita, desordena.

Nosotros advertimos que esta oleada migratoria venezolana presenta nuevas características de asentamiento humano y estructuración de redes sociales, también nuevas perspectivas culturales, todo bastante distinto. La diferencia es que, ante este fenómeno, con este neodesborde popular, no se va a generar una nueva crisis de Estado. Muy por el contrario, se va a constituir una base de convivencia que va a fortalecer en parte las políticas integracionistas latinoamericanas y mundiales.

La presencia de nuestros hermanos del país del norte es innegable y la masificación de ellos en muchos puntos de nuestro país es ya una realidad. No tengo el afán de comentar si esto es correcto o no. Lo cierto es que es parte de una realidad palpable y, por supuesto, que las condiciones que se generaran en este bolsón migrante permitirán que, en muy poco tiempo, se genere un mercado paralelo al mercado paralelo que comenzó el siglo pasado con la empresa popular. Por ello la necesidad de que exista un fuerte papel regulatorio del Estado para esta situación: formalizaciones migratorias, capacitaciones, integración. La sociedad tiene un reto mayor: aceptación, tolerancia e integración.

El Perú se ha convertido, se quiera o no, en un país de acogida y siendo realistas no se debe prohibir la movilidad humana que es un derecho legitimado por el hombre y afianzado además por los pactos mundiales. En ese contexto, las percepciones deben buscar ser analizadas a conciencia, evaluar el sentido de la migración y no ver solo las individualidades sino las familias nuevas que buscan abrirse un camino en otro territorio. No toda migración es mala, distintos motivos la originan; por ejemplo, la búsqueda de una tranquilidad emocional, económica, de estatus, profesional y hasta estudiantil. Esta migración llega a cualquier país siempre a aportar. Por lo general, son familias profesionales que buscan seguir existiendo en forma horizontal siempre y el territorio al que llega les es propicio para desarrollarse tal cual lo hacen en su país de origen, pero con nuevas e importantes condiciones. Por otro lado, existe otro motivo, y es el de la necesidad económica; también familias dependientes, trabajadores con pérdida de empleo, son familias vulnerables que buscan, al migrar, encontrar las oportunidades negadas en su país o región. Son ellos los que, siendo también resilientes, van constituyéndose en potenciales nuevos emprendedores forjadores de nuevas redes. En su mínima expresión hay los que migran huyendo de las leyes para establecerse en países donde “nadie los conoce”. Por esta razón, no hay que temer más de lo normal.

A su vez, es de considerar para entendernos un poco que nuestro país ha entrado en una crisis política a todo nivel, con una economía que subsiste por voluntad y resiliencia de la población, una sociedad que “se debilita y se desgasta” ante la ausencia de instituciones capaces de liderar cambios, en donde las individualidades nacionales generan egoísmos y temores y la desconfianza se ha institucionalizado. Esta realidad en paralelo podría ser salvada desde la sociedad misma, entendiendo que la convivencia, la tolerancia y el sinceramiento de la realidad social va más allá de percepciones como la inseguridad ciudadana, por ejemplo. El trastoque de la sociedad genera estos sentimientos en conjunto y se hace una verdad. Nuestra sociedad se ha debilitado mucho. Por eso, “un salvavidas” lo pueden constituir los nuevos aires con esta migración acontecida y que sorprendió a todos.

Sin embargo, esta diáspora crea nuevos retos y a su vez genera un recordatorio en la población de lo que significó los tiempos de lucha y afianzamiento en territorio urbano hostil, por historia: la de aquellos migrantes, ahora nuevos habitantes nacionales. Pero ahora es diferente y los nuevos desafíos que se presentan en esta coyuntura invitan a trabajar bajo nuevos conceptos, ver la competitividad, el aprendizaje, los intercambios, los péndulos sociales y económicos, las inversiones y las asociaciones; estos elementos conceptuales fortalecen la nueva mirada. Los venezolanos migrantes, movilizados por necesidades económicas, ven de manera urgente velar por su subsistencia, y como dije líneas arriba, comienzan a establecer sus propias redes, comienzan a autoemplearse, a ver oportunidades para emprender negocios, a fusionar cultura y a involucrarse laboralmente con los peruanos. Se constituyen así en mano de obra nueva, diferente, aceptada, es decir, generan un espacio que debemos buscar aprovechar. Ese es el desafío, y no vapulear solamente sin ver alternativas de crecimiento en nuestros negocios.

Es ahí que un nuevo concepto se comienza a trabajar no solo en el Perú sino en el mundo: es el de la integración migrante, concepto que se convierte en clave cuando se comienza a considerar como base la aplicación de un tratamiento a la gestión migratoria. Esta gestión debe considerar, y lo hace obviamente, salvaguardando el cumplimento del respeto a los derechos humanos y la lucha contra la discriminación.

Sumado a esto, se establecen sugerencias importantes para el afinamiento de las políticas de empleo, la seguridad ciudadana, el acceso al tema de la salud pública, la buena educación, procurando lograr una estabilidad social que va de la mano con un respeto a la diferencia y a la tolerancia, aplicando además temas de interculturalidad, permitiendo que desde las relaciones exteriores se fortalezcan los ciudadanos y se permita un desarrollo y crecimiento social y económico de los países llamados receptores.

Por ende, desde la concepción formal, las nuevas políticas deben ser tratadas como elementales en todo país. Asimismo, las estrategias que se utilizan para llevar adelante una integración que permita la inclusión social, económica y también cultural de los migrantes a su nuevo entorno, deben permitir entrar al tema de la discusión, discusión que debe reforzar los efectos positivos de la migración. Es fundamental entonces que se fomente la cooperación entre los países de origen y de destino.

Ahora bien, en este escenario de promisoria convivencia y de la generación de políticas públicas que buscan esta integración, existen dos elementos que no se deben perder de vista, y que van de la mano con la intención de tantos artículos que ven este tema. Uno es comenzar a trabajar de manera seria el proceso de integración migratoria, y el otro es tratar de conllevar de buena manera la competitividad entre los mercados existentes y los nacientes, para poder plantearnos elementos de análisis desde la mirada histórica, cultural y de un inminente cambio social, cambios que como se ha dicho tiene sus antecedentes peruanos en la segunda mitad del siglo pasado, los cuales debemos urgentemente considerarlos.

Repito: aquel gran desborde popular originado por las grandes migraciones internas dadas en el Perú trajo para la academia diversos estudios y casos donde se analizaron todas las interacciones y encuentros culturales que se daban en las capitales de provincia y en la propia Lima. Se podían ver los procesos cuya base cultural generaba de manera natural los cambios que durante décadas han ido madurando: la constitución de redes culturales y económicas, la interculturalidad de hecho, la formación de empresas populares que iban generando mercados internos populares y que luchaban su paralelismo con el Estado siendo entendida como informales. Décadas de una “lucha” de posicionamiento frente a la diversidad y a la discriminación que el mercado formal trae.

Esta lucha del migrante peruano de asentamiento en la capital por décadas genera una sólida fuente para el emprendimiento, la resiliencia del migrante peruano para apostar por un negocio es innegable y, como se ha escrito anteriormente, genera la fuerza del emprendedor popular. Su paralelismo informal, poco a poco, se va superando y se ha ido fortaleciendo el mercado interno.

En este siglo, la otra gran oleada que se está viviendo en el Perú y este desborde, que ya no es popular propiamente, sino migrante en específico, cambia los escenarios económicos, sociales y va potenciando un nuevo paralelo comercial al de la informalidad comercial peruana, nuestras empresas populares. Líneas arriba comentaba que la diferencia es que este desborde popular no va a generar una crisis de Estado, muy por el contrario, se va a constituir en base para fortalecer en parte las políticas integracionistas latinoamericanas.

Y en aras de la integración migratoria óptima, la mirada desde la base social es importante. Para ello es necesario comenzar a establecer las pautas de análisis para llevar adelante elementos que traigan consigo las definiciones que hablan de competitividad. En la capacidad que se va a tener, ya sean los migrantes o las asociaciones o las redes mismas constituidas, se busca desarrollar ventajas competitivas en un escenario de supervivencia en el mercado, posicionándose con su entorno. Este detalle tiene que enmarcarse en ciertos puntos de convivencia comercial, donde el mercado tendrá un claro reto: innovaciones, experiencias territoriales, adecuaciones al cambio propio, redes culturales nuevas y lucha también constante.

Es momento de comenzar a familiarizarnos con los mercados nuevos, en integrarnos desde la base con los cambios internos, formalizando a los nuevos empresarios que por necesidad van apostando por nuevas oportunidades, mirando al emprendedor como el reflejo de una sociedad mundial cambiante, que lo convierte en el máximo representante de un cambio social, como sujeto económico que va a generar nuevos espacios. Nuevamente hay una oleada migratoria: ya tenemos la experiencia, asumamos el reto. Vendrá la competencia, perdón, ya está la competencia sana entre los emprendedores; fortalezcamos habilidades, trabajemos las capacidades.

El desafío mayor está dado. Mientras que la sociedad parece descontenta, finalmente termina por aceptar. El problema es que una sociedad débil, golpeada, consume los acontecimientos diarios, sensacionalistas; sin embargo, las noticias confirman, en porcentajes mínimos, un falso ataque con violencia generalizada de un millón y medio de venezolanos. El porcentaje de lo malo llega a uno por ciento: haciendo un poco de números, los más son los que debemos aprovechar. Cubrir las brechas profesionales es otro tema importante de tratar. Nuestra realidad nos dice que hay déficit de psicólogos y de profesores en los colegios, de médicos y enfermeras en los hospitales, de ingenieros petroleros en las fábricas, de industriales en el campo. Es decir, la necesidad al final es de ambos países.

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Este texto se enmarca en el trabajo promovido por el Proyecto Binacional “Del desplazamiento a la integración: construyendo comunidades productivas y protectoras”, financiado por la Unión Europea con el apoyo técnico de la UNOPS, bajo ejecución técnica de la ONG WeWorld y el Instituto de Defensa Legal (IDL). Las instituciones aquí nombradas no se hacen responsables de las opiniones de los autores.

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