Perú apagó las luces: el fútbol como excusa para la discriminación

Perú apagó las luces: el fútbol como excusa para la discriminación

IDL-Seguridad Ciudadana

Acabamos de presenciar una fecha doble de las eliminatorias sudamericanas rumbo a la Copa del Mundo 2026, y más allá del pobre desempeño mostrado por la selección peruana, hubo una serie de incidentes que vienen dejando al país tras un halo de vergonzante imagen internacional. Nos referimos a los actos discriminatorios desde diversos espacios de nuestra sociedad contra ciudadanos venezolanos. Y peor aún, estos actos han sido refrendados por el Estado peruano, el cual ya viene teniendo desde hace un tiempo un largo historial de políticas xenofóbicas, estigmatizantes y criminalizantes contra migrantes.

Para empezar, hace unas semanas se aprobó una modificatoria a la Ley de Migraciones peruana, la cual básicamente deja en manos del Ministerio del Interior las políticas de control y procedimiento sancionatorio contra migrantes. Así, cuando se encuentren ciudadanos venezolanos sin documentación regularizada, se inicia un procedimiento exprés, el cual no respeta el debido proceso ni otorga tiempo a la defensa. La expulsión es parte de una política demagógica del Estado, el cual ante el pobre desempeño de seguridad pública y el efectivo crecimiento de la inseguridad, busca en los ciudadanos venezolanos —trabajadores precarizados en su mayor parte— el chivo expiatorio ideal para canalizar las molestias contra el Gobierno de Boluarte.

En este clima de tensiones y autoritarismo, la selección de fútbol de Venezuela llegó a nuestro país para enfrentarse al seleccionado nacional por las eliminatorias mundialistas. En la antesala del partido, en un programa de televisión (“A presión”), periodistas deportivos tuvieron lamentables comentarios contra mujeres venezolanas, haciendo referencia a ellas bajo el estereotipo de trabajadoras sexuales. Las burlas fueron celebradas entre los conductores; todos hombres, por supuesto. Más tarde, con el aterrizaje del cuadro vinotinto al aeropuerto Jorge Chávez, cientos de venezolanos acompañaron a su selección al hotel Westin de San Isidro, haciendo un banderazo masivo durante la noche. En redes sociales, empezaron a llover una serie de insultos xenofóbicos contra los migrantes y el rechazo a que celebren de esa manera o sientan que “el Perú es su casa”.

El clima de tensión preparado se convirtió finalmente en un caldo de cultivo perfecto para estos tipos de discursos. Pero vendría más. Y esta vez no solo palabras, sino también acciones…, por parte del Gobierno, para variar.

El mismo día del partido, martes 21 de noviembre, el Ministerio del Interior dispuso realizar un control migratorio a las afueras del estadio Nacional. Una medida abiertamente criminalizante, que busca aprobación social, en la cual se coloca en la misma posición a una persona que no ha podido regularizar sus papeles —con altos costos y tiempo invertido— con delincuentes que utilizan diferentes modalidades para cometer actos ilegales. ¿Acaso un delincuente paga su entrada al estadio, campantemente, colocando su cédula o documento de identidad sin que espere que le pase algo? Esta disposición del Gobierno ha buscado aprovecharse de la coyuntura, tomar la rivalidad del fútbol como excusa para ganar aplausos. Esto es no solo oportunismo puro, sino xenofobia de lo duro. El cuestionamiento ha llegado desde medios internacionales.

¿Estaríamos de brazos cruzados si lo mismo hubiera ocurrido con nuestros compatriotas en Buenos Aires, Santiago de Chile, Madrid o Nueva York? ¿Se imaginan que en un partido de fútbol de la selección peruana, la Policía de cada país aprovechara para realizar controles migratorios, en una clara medida de intimidación y demagogia? Millones de peruanos se encuentran en el extranjero, y no son pocos los que se encuentran en situación irregular, sin ser necesariamente delincuentes.

Por si la vergüenza no hubiese quedado corta para el Perú, dentro del estadio Nacional la Policía tuvo altercado con aficionados venezolanos y con la propia selección vinotinta. Amenazas y violencia fueron repartidas por todos lados para demostrar que se tiene el control sobre cualquier situación, incluso sobre las celebraciones deportivas y hasta el simple saludo de un equipo de fútbol a su afición. “Me pegaron dos palazos”, denunció el futbolista venezolano Nahuel Ferraresi mientras mostraba los vendajes en su mano. Pero si creen que allí terminó todo este asunto, faltaba coronar estos días de triste desempeño peruano. El avión de la selección venezolana tuvo problemas para despegar del aeropuerto Jorge Chávez, por lo que la cancillería de este país denunció arbitrariedades y malos tratos. En respuesta, el Gobierno de Boluarte afirmó que el retraso ha sido de “índole mercantil privado”.

Así se han ido cerrando estos días de gran tensión en nuestro país contra ciudadanos venezolanos, tomando el fútbol como excusa para la discriminación. Y, lamentablemente, demostrando que esta puede ser también sistemática, desde el propio aliento del Estado. Así las cosas, en términos deportivos, terminamos demostrando poco aplomo y mesura, teniendo las miradas de toda la región sobre nosotros. El Perú terminó apagando las luces.

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