Sic transit gloria mundi (La República)

Noticia publicada en La República el 03/05/20

“Y nada de esto es acción de las malas gestiones anteriores, que las hubo y muchas. ¿Decir esto es criticar al gobierno? ¿Es ser un obstruccionista aprofujimorista?”

Más de la mitad de los peruanos se ha quedado sin ingreso alguno. Otro 33% ha visto sus ingresos reducidos significativamente (Ipsos). El PBI de abril se proyecta en negativo, -45% (Apoyo). Un sacrificio económico brutal. ¿Cómo ha reaccionado la población? ¿Hay más delincuencia, saqueos o incendios de mercados? Nada de eso. En una paz social sin precedente transcurre una cuarentena que, postergada tres veces, no tiene fecha real de salida.

¿No habría que felicitar el sacrificio de millones de peruanos que lo han perdido todo? Pues no. El mensaje oficial continúa siendo punitivo y culpabilizador como si el enfermo tuviera culpa alguna de su enfermedad. Ya no se culpa a los que salen a comprar comida (en 47 días hay que comer, ¿verdad?), ahora la culpa es de los desplazados, (“caminantes”) a los que solo falta se les multe por dormir en la calle durante el toque de queda.

La punición no caería tan mal, con el bolsillo vacío, si esta fuera un exitazo. Es decir, probar que la mano dura es la única vía de cortar el contagio. Pero resulta que algo no está saliendo bien. A más mano dura, a más rigidez, sigue el contagio. ¿Qué pasa? “Es que algunos no cumplen”, dice el relato oficial. Ahora ya no son “todos” los sucios e indisciplinados, es un avance. Pero la explicación ya no alcanza y el gobierno tiene que sincerarse. No se puede imponer bajar la humillada cerviz para perderlo todo. Si sigue así, la desobediencia silenciosa sí será la salida a la larga.

¿Cuál es la verdad de esta gestión? No hay buena data. El informe de IDL Reporteros lo dejó en evidencia. Hay malas compras (investigaciones en curso en la Policía Nacional y el Ministerio de Salud). No hay pruebas moleculares suficientes para identificar y aislar asintomáticos (pieza clave de una buena estrategia) ya que más de un 30% transmite la enfermedad que no saben, ni tienen cómo saber que padecen, sin un test.

No hay detección temprana masiva, aislamiento y cerco epidemiológico, otra pieza clave. Hay lentitud en aprobar y suministrar tratamientos tempranos con relativo pero probado éxito en otros países. Hay más lentitud en abrir más camas, contratar más médicos, montar hospitales temporales o salir con el nivel básico de atención a buscar y atender enfermos en sus casas para parar la enfermedad ahí. Plata, hay. Y nada de esto es acción de las malas gestiones anteriores, que las hubo y muchas. ¿Decir esto es criticar al gobierno? ¿Es ser un obstruccionista aprofujimorista? ¿Es bajarle la moral al pueblo?

Decir la verdad es hoy un acto de sobrevivencia. Es un deber moral ineludible porque no solo está en juego la vida de inocentes sino también el futuro de un país arruinado. Con los actuales números la cuarentena puede durar 70 u 80 días. Tal vez más. ¿No lo sabe el gobierno? ¿Qué economía lo aguanta? Salvar vidas y salvar trabajos se puede hacer a la vez. Eso requiere la humildad de hacer cambios de estrategia. Y no cambios silenciados como la salida del Ministro Moran que deja más de 1.000 policías y más de 1.000 cadetes contagiados, además de un escándalo de corrupción. Como lo sucedido en Castro Castro, con 9 muertos en un motín (y un Ministro “aquí no pasa nada”), esto tampoco va a quedar impune. No se convierte la prisión en un matadero o se pierde decenas de vidas policiales por incompetencia y corrupción con la complicidad del silencio o la mentira.

El Presidente decidió jugar a Pilatos con el Congreso y las AFP. No va a poder usar el mismo truco político dos veces. La popularidad es efímera y debería saberlo, a estas alturas, por su bien y el nuestro.

 

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