Un lazo de amistad que supera adversidades: la historia de cuatro mujeres emprendedoras

Un lazo de amistad que supera adversidades: la historia de cuatro mujeres emprendedoras

Yessica Antuaneth Mamani Abado

A pocos días de festejar el cumpleaños de Yelitza, Carmen sufre un accidente mientras estaba en la cocina preparando los menús que vendería en el mercado de Santa Rosa, en el distrito Veintiséis de Octubre de la ciudad de Piura. Fue tal la emergencia que tuvieron que llevar a Carmen a la posta para ser atendida. Afortunadamente, Carmen cuenta con SIS al tener su carnet de extranjería. Sin embargo, esto no hubiera sido posible para Yelitza, una joven madre de 24 años proveniente de Mérida, Venezuela.

El grupo de madres conformado por Carmen, Yelitza, María y Olga se ha vuelto como un refugio entre la gran cantidad de problemas cotidianos que enfrentan las migrantes venezolanas. Las cuatro trabajan vendiendo menús en el mercado de Santa Rosa. Cocinan en casa de Carmen y después llevan los pedidos a las personas que trabajan en puestos del mercado. No tienen ningún tipo de licencia, todo lo hacen de manera doméstica. Sin embargo, es lo único que tienen a la mano para poder llevar un pan a casa.

Las cuatro mujeres son madres de familia. Conforman un grupo diverso, pues Yelitza y Olga están en la primera mitad de sus veintes, María ya bordea los 40 y Carmen ya alcanzó los 50. Las cuatro se conocieron en el mercado, precisamente vendiendo comida.

Carmen, 50 años

—Primero que nada, gracias por interesarte en nuestra historia. Llegué a Perú hace aproximadamente dos años en busca de nuevas oportunidades. La situación en Venezuela se había vuelto muy difícil y necesitaba encontrar una forma de sostenerme. La adaptación no fue fácil al principio. Todo era nuevo para mí, la cultura y las costumbres. Pero siempre he sido una persona emprendedora, así que decidí poner en práctica mis habilidades culinarias. Comencé a cocinar en casa y a vender menús a mis vecinos y compatriotas venezolanos que también estaban en Perú. Poco a poco, el boca a boca hizo que mi negocio creciera —comenta Carmen.

Posteriormente, Carmen cuenta cómo es que conoció a sus compañeras:

—Mientras vendía mis menús en el mercado, conocí a una muchacha llamada Olga. Ambas compartimos nuestras historias y nuestras ganas de emprender. Resulta que ella también tenía experiencia en la cocina y había estado pensando en iniciar su propio negocio de comida.  Decidimos unir fuerzas y comenzar a vender nuestros menús juntas. Poco a poco, fuimos ganando clientes y nos dimos cuenta de que necesitábamos más ayuda para satisfacer la demanda porque Olga tiene que cuidar a dos niños. Fue entonces cuando conocí a Yelitza, otra venezolana talentosa en la cocina, amiga de Olga. Estaba buscando una oportunidad para demostrar su habilidad culinaria —sonríe mientras rememora.

Carmen recuerda que, mientras participaban en una chocolatada por Navidad, conocieron a María. Al igual que ellas, estaba buscando una oportunidad para emprender en el mercado de la comida y compartía sus valores y objetivos.

El hecho de que las cuatro mujeres fueran madres de familia fue fundamental: todas necesitaban apoyo con el cuidado de los hijos. Un aspecto interesante es que entre las cuatro se apoyan con el cuidado de los pequeños. Eso es lo que las hace como una pequeña comunidad de madres emprendedoras que, además de apoyarse en la preparación y venta de comida, también lo hacen con el cuidado de los pequeños.

A pesar de que Carmen es mayor, ella cuida a los hijos de sus compañeras con el mismo cuidado que tuvo con sus propios hijos, quienes actualmente viven en Venezuela.

 María, 38 años

—Cuando decidí unirme a ellas en este emprendimiento, una de mis preocupaciones era cómo equilibrar mi tiempo entre el trabajo y el cuidado de mis hijos. Pero gracias a su solidaridad y comprensión, hemos encontrado una solución de beneficio. Gracias a Dios hemos establecido un sistema rotativo. Durante los días en que alguna de nosotras está a cargo de la cocina y la preparación de los menús, las demás se turnan para cuidar a los hijos. De esta manera, puedo concentrarme en el trabajo sabiendo que mis hijos están en buenas manos. Además, también he tenido la oportunidad de cuidar a los hijos de mis amigas cuando ellas necesitan tiempo para otras responsabilidades —comenta María.

Esta clase de apoyo no es muy común entre desconocidos, pero al parecer estas cuatro mujeres emprendedoras lograron establecer acuerdos basados en el respeto, la comprensión y la resiliencia.

Yelizta, 24 años

—Ser madre y migrante tiene sus desafíos, y nuestros hijos no son la excepción. Al llegar a un nuevo país, pasamos cambios culturales. Tenemos que adaptarnos a un nuevo ambiente Uno de los problemas comunes es el choque de costumbres. Nuestros hijos han tenido que adaptarse a nuevas costumbres, tradiciones y formas de hacer amigos. Además, separarse de Venezuela los hace sentir que no tienen el mismo apoyo familiar que antes, eso les puede generar como un estrés emocional —comenta preocupada Yelitza.

No obstante, uno de los principales problemas de ser migrantes es la imposibilidad de acudir a servicios básicos, como la atención de salud pública. Para acceder a la atención médica en el sistema de salud público, generalmente se solicita documentación que acredite la identidad y condición migratoria. Sin el carnet de extranjería, puede resultar difícil obtener acceso a estos servicios. Los migrantes venezolanos pueden tener dificultades para comprender cómo funciona el sistema de salud en Perú, incluyendo los procedimientos para acceder a la atención médica, los servicios disponibles y los derechos que les corresponden como migrantes.

Aunque la atención médica en el sistema de salud público en Perú es generalmente gratuita o de bajo costo, los migrantes venezolanos sin carnet de extranjería pueden encontrarse con obstáculos financieros para acceder a los servicios. Algunos procedimientos o medicamentos pueden requerir pagos adicionales o no estar cubiertos para aquellos que no tienen la documentación adecuada.

Yelitza es la única de las cuatro que tiene carnet de extranjería. Ella cuenta cómo fue que logró adquirir este documento y cuáles fueron los principales problemas en su gestión:

—Al principio, fue un poco abrumador, ya que había muchos trámites y requisitos que cumplir. Sin embargo, con paciencia y con ayuda de Dios, logré obtenerlo. Por supuesto, el primer paso fue recopilar todos los documentos necesarios, como mi pasaporte, partida de nacimiento, antecedentes penales… Luego, tuve que solicitar una cita en la oficina de Migraciones y presentar todos los documentos que me pidieron. Uno de los problemas principales fue la espera. Las citas en la oficina de Migraciones solían tener una lista de espera bastante larga. Además, algunas veces surgían cambios en los requisitos o en el proceso, por lo que tenía que estar atenta a cualquier actualización.

Olga estuvo presente cuando Yelitza tuvo un accidente por quemadura mientras cocinaban el menú del día, pero felizmente pudo atenderse en el seguro. Ella recuerda haber quedado asustada, pensando en qué podría haber pasado si ella o alguna de sus compañeras sufrían ese infortunio, pues no cuentan con carnet de extranjería aún.

Olga, 22 años

—No tener un carnet de extranjería ha sido un obstáculo significativo en varios aspectos. Una de las cosas más importantes es poder acceder a servicios básicos, como la atención médica. Sin el carnet de extranjería, es difícil para mí acceder a la salud de manera regular y obtener los medicamentos necesarios para mi familia.

Olga es madre de una pequeña niña de 2 años. Tuvo a su bebé cuando tenía tan solo 20 años, teniendo que afrontar la crianza en solitario, pues fue echada de casa por sus padres. Ha estado viviendo de la venta ambulatoria y de la caridad de la gente durante sus dos primeros años de maternidad primeriza. Encontrar a sus compañeras y haber sido acogida por ellas ha sido un gran alivio para cubrir sus necesidades, sin embargo, ella aún enfrenta muchos desafíos.

—Carmen ha sido un verdadero ángel en mi vida. Ella es una amiga cercana y siempre ha estado ahí para apoyarme en tiempos difíciles. Cuando llegué a Perú, no tenía mucho y enfrentaba muchas dificultades económicas. Carmen y las otras chicas me brindaron su amistad y me han ayudado de varias maneras. A veces con consejos sobre qué hacer con mi niña, a veces con un pan para la mesa. Cuando preparamos menús a mí me gusta ayudar pelando, picando, barriendo. Hago de todo en realidad. Gracias a ese trabajo me alcanza para pagarme un cuartito y vivir ahí con mi bebé.

En un contexto donde la migración y la falta de recursos representan desafíos significativos para las venezolanas en Perú, las historias de Yelitza, María Olga y Carmen nos recuerdan la importancia de la solidaridad y el emprendimiento como herramientas poderosas para sobrellevar estas dificultades. A través de la solidaridad, podemos forjar lazos de amistad que nos brindan apoyo emocional y práctico en momentos difíciles. Además, el emprendimiento nos permite generar oportunidades económicas y autonomía, abriendo caminos hacia la superación de las adversidades. Estas historias nos inspiran a ser solidarios, a compartir nuestros recursos y conocimientos, y a trabajar juntos para construir una sociedad inclusiva donde todas las personas, independientemente de su origen, encuentren el apoyo necesario para prosperar y alcanzar un futuro mejor.

____________

Este texto ha sido parte del Concurso “Periodismo responsable para combatir la discriminación y la violencia contra población migrante y refugiada”, región Piura, recibiendo mención honrosa por parte del jurado. El concurso ha sido realizado en el marco del Proyecto Binacional “Del desplazamiento a la integración: construyendo comunidades productivas y protectoras”, financiado por la Unión Europea con el apoyo técnico de la UNOPS. La ejecución del concurso estuvo a cargo del Colegio de Periodistas de Piura, la ONG WeWorld y el Instituto de Defensa Legal (IDL). Las instituciones aquí nombradas no se hacen responsables de las opiniones de los autores.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *